opinión*
Sobre dignidad y capital: la desapercibida visita de Peña Nieto a los Países Bajos (Artículo)
A renglón seguido por José Carlos G. Aguiar

Por José Carlos G. Aguiar

El pasado martes 24 de abril el presidente Enrique Peña Nieto realizó una visita al Reino de los Países Bajos. La parada fue parte de una gira europea que también lo llevó a Alemania y a España.

Es sabido que la familia real holandesa tiene cierta predilección por México. La madre del rey Willem Alexander, la reina Beatriz, ha estado en el país durante múltiples visitas oficiales y privadas; ella cuenta a Carlos Slim entre sus amigos personales. La ahora reina consorte de Willem Alexander, la argentina Máxima Zorreguieta, ha visitado también México en varias ocasiones para promover los micro-créditos, como si México no hubiera tenido ya su experiencia con este esquema de préstamos con el programa de “changarros” con Fox. En sus recientes viajes, se habrán dado cuenta de la expansión de la violencia y corrupción bajo el gobierno de Peña Nieto.

“Diplomacia comercial” sobre derechos humanos

El interés de la familia real es promover la “diplomacia comercial” de los Países Bajos, y el hecho de que visiten México tan seguido no significa otra cosa que un indicador de los enormes intereses empresariales y económicos que tienen los Países Bajos en México. El nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, la renovación de los sistemas portuarios en todo el país, el sector energético y el agua, así como los sistemas agroindustriales operados por computadora, son algunos de los temas centrales de la cooperación comercial entre los dos países. Sin embargo, son también temas donde el gobierno de Peña Nieto ha demostrado hasta ahora inconmensurables niveles de corrupción y autoritarismo.

Pero al rey Willem Alexander, tanto como al gobierno neerlandés y su embajada en México, parece no importarles que haya corrupción detrás del nuevo aeropuerto. O que Peña Nieto sea el presidente más impopular en la historia reciente de México. O que la reforma energética haya sido impuesta. O que los puertos marítimos, como Lázaro Cárdenas o Manzanillo, estén en manos de los “cárteles de las drogas”. Su interés es hacer negocios; cerrar los ojos a la crisis humanitaria en la que está sumida el país.

“Asesino, asesino, asesino”

Justo el día en que el rey sacó la alfombra roja para recibir a Peña Nieto y su esposa como gobernantes dignos y legítimos de México, el martes 24 de abril salió a la luz pública el aterrador desenlace de los tres estudiantes de cine de la Universidad de Guadalajara que fueron disueltos en ácido. Su desgracia es la misma que han sufrido muchos otros antes en todo México.

En las afuera del palacio Noordeinde en la ciudad de La Haya, un grupo de unos 50 holandeses y mexicanos fueron a recibir al presidente con pancartas y denuncias, con cazuelas y cucharas con las cuales hicieron ruido como protesta. Dos “agentes” mexicanos estaban tomando fotos de los participantes; quizá era parte del registro visual que la embajada mexicana hizo de la visita. “Asesino, asesino, asesino” le gritaban a Peña Nieto los manifestantes mientras se sacaba las fotos oficiales en la escalera del palacio. Aunque fingía no escucharlos y les sonreía saludando, el presidente tuvo que haber oído los gritos y el descontento de los manifestantes.

A últimas fechas, el desencanto y desconfianza en el gobierno de Peña Nieto se hace cada vez más evidente. Justo en diciembre pasado, el embajador mexicano en los Países Bajos Elías Azar fue abucheado durante la entrega del premio Human Rights Tulip, que fue entregado en 2017 a Graciela Perez Rodriguez. Graciela escarba con sus propias manos cerros y llanos en Tamaulipas en busca de los restos de su hija y familiares, como muchas otras madres y padres de desaparecidos.

“Excelente” cooperación desapercibida

Aun así, la visita del presidente no causó mucho interés en los Países Bajos. De hecho, ningún noticiero nacional le dio cobertura a su paso. Sólo el sitio web de la agencia pública de noticias NOS publicó una foto, donde ni siquiera se menciona el nombre de Peña Nieto, sino lo llena que está la agenda del rey durante “una” visita oficial. Quizá la embajada mexicana con sus reportes de “buenas noticias” donde se habla del país de las maravillas de Peña Nieto, no consiguió generar ningún interés entre los periodistas.

Pero la embajada neerlandesa en México sí uso sus redes sociales. Muy revelador resultó el tono del tuit que la embajadora neerlandesa Leemhuis escribió el día de la visita, donde califica como “excelente” la cooperación con el gobierno mexicano y hasta publicó una foto de los visitantes. En la contraparte se ve al “equipo mexicano” que acompañó a Peña Nieto. Sus caras adustas y miradas duras los delatan. Un grupo de hombres, viejos políticos malcarados del PRI que ahora, todavía por unos meses, hacen todo por vender lo que queda por vender.

Los alemanes lo hacen mejor

En este sentido, los alemanes lo hacen mejor, mucho mejor que los neerlandeses. A los Países Bajos les falta una Merkel. Un primer ministro que con dignidad y entereza abogue por los derechos humanos, por el estado de derecho y la igualdad no solo en Alemania, sino en los países con los que Alemania tiene contacto. A eso le llaman el “soft power” de Alemania. En cambio, desafortunadamente los Países Bajos tienen una “diplomacia comercial” donde el capital es el valor absoluto.

Ojalá y aprendan los holandeses un poquito de los alemanes. Porque fue muy triste e insultante para los mexicanos ver a Peña Nieto con el rey y la reina, al ser recibidos ignorando el dolor del pueblo mexicano, sin ninguna referencia al desastre que ha sido esta presidencia. Pero debería de haber sido igualmente muy triste para los holandeses ver a su rey y reina perder también su dignidad y legitimidad al recibir a un presidente que financió su campaña con dinero del crimen organizado, que se compró una Casa Blanca con fondos no aclarados, que armó una red de corrupción alrededor del nuevo aeropuerto, de la cual ahora también se benefician empresas holandesas. Probablemente no les interesa ni al rey, ni a sus embajadores, ni al primer ministro. Pero debería.

José Carlos G. Aguiar

Doctor en ciencias sociales. Antropólogo mexicano especializado en estudios urbanos, ilegalidad, legitimidad política, seguridad, propiedad intelectual, economías callejeras y la Santa Muerte. Profesor e investigador de la Universidad de Leiden, Países Bajos. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, CONACyT. Cumbianchero por convicción, ciclista antes de la era hipster, y fotógrafo por amor a la estética callejera.

*La opinión aquí vertida es responsabilidad de quien firma y no necesariamente representa la postura editorial de Aristegui Noticias.




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