“El interés de los millennials por la salud mental se debe a la poca claridad sobre el futuro”: Montse Bizarro
La escritora española publica en México, su novela ‘Mañana ya no hablaremos de nada’, en la que reflexiona sobre las relaciones tóxicas y el autismo.
- Redacción AN / HG

Por Héctor González
“Tuve una relación bastante problemática con una chica y a partir de ahí quise sacar mi dolor, escribir”, reconoce Montse Bizarro (Barcelona, 1993). Así fue como empezó Mañana ya no hablaremos de nada (Almadía), una novela directa y que sin florituras habla de las obsesiones, de las relaciones tóxicas y el autismo.
Lejos de cualquier visión idílica, el amor que viven las protagonistas está marcado y en cierta forma determinado, por la salud mental y el contexto social. “La falta de oportunidades laborales y el costo de los alquileres son sombras que nos acechan”, advierte la narradora catalana, al referirse a una época incierta y ante la que no queda más opción que vivir el presente a tope.
Una de las primeras cosas que llama la atención de Mañana ya no hablaremos de nada, es su franqueza. ¿Cómo surgió la novela?
Surgió a partir de una historia autobiográfica. Tuve una relación bastante problemática con una chica y a partir de ahí quise sacar mi dolor, escribir. Intenté procesar y ordenar la experiencia a través de la escritura. Además, quería tocar otros temas que me resultan cercanos como la salud mental, las neurodivergencias y las familias desestructuradas. Trabajo con personas autistas e intenté hacer un retrato de esta realidad que no suele figurar dentro de la literatura.
¿Qué reflexión te dejó llevar tu experiencia a la literatura?
Quise retratar el sufrimiento de mis personajes sin edulcorarlos ni minimizar las cosas. La ansiedad y los pensamientos obsesivos pueden limitar a las personas; creo que el interés de los millennials por la salud mental es muy notorio debido a la poca claridad que tenemos hacia el futuro. La falta de oportunidades laborales y el costo de los alquileres son sombras que nos acechan. Y no solo eso, la situación se complica todavía más para las personas queer o neurodivergentes. Mi objetivo era mostrar estas realidades que no son tan visibles normalmente.
¿Desde el principio tuviste claro tu objetivo?
Sí, creo que es algo bastante común entre los jóvenes y apenas se está empezando a hablar o visibilizar más. Quería reflexionar sobre cuánto puede afectar una relación tóxica y sobre la necesidad de tener una red afectiva que ayude a sostenerte. Todo parte de mis experiencias personales, pues yo he tenido esta clase de problemas. A través del lenguaje y los monólogos interiores intenté expresar está ansiedad para que los lectores puedan comprenderla.
¿Qué ha cambiado?, ¿por qué hoy se visibilizan más estas condiciones?
Siempre han existido personas con estos problemas, tanto de forma puntual como de manera crónica. No sé que ha cambiado, pero es verdad que antes había un estigma sobre quienes iban al psicólogo y por lo mismo se buscaba tapar estos temas. Por no prestarle atención u ocultarlo terminaba saliendo por otra parte, tal vez una padre o madre criaba a sus hijos de una forma negligente por tener cosas sin resolver. Hoy, parece que entendimos que mostrar nuestras vulnerabilidades es de personas valientes. Entre más lo platiquemos o visibilicemos podremos crear más comunidad y aligerar un poco ese peso.
¿Ante la ausencia de un futuro promisorio, la pulsión por el presente y en el caso de tu novela por la vida nocturna y los excesos es una respuesta?
Sin duda, aprovechamos el presente porque no sabemos si podremos tener una familia o hijos. Conozco gente que quiere tener hijos, pero no se lo pueden plantear porque viven en un piso compartido con cinco personas o con sus padres. Creo que ahora estamos sobreviviendo, en lugar de crear un proyecto hacia adelante. Quería destacar también el tema de la amistad y su importancia, en particular cuando se forma parte de una familia fragmentada.
¿Qué relación tienes ahora con los personajes de tu novela?
Este libro me ha servido mucho a nivel personal, escribí esta novela para curarme y sanar un poco de esa relación. Me parecía importante contar la historia de personajes que viven en los márgenes, quería contarlo para que la gente sepa que existimos y que solo tenemos otra forma de vincularnos y querernos. He recibido muchos comentarios de personas que se han sentido identificadas, creo que eso es lo más importante.
El trabajo literario que haces sobre el autismo, ¿qué tanto estuvo marcado por tu propia experiencia con esta condición?
Supongo que sí, de alguna manera me condiciona a la hora de escribir. La novela tiene poemas, narrativa, monólogo interior, creo que esto es reflejo de cómo funciona mi cabeza que a veces es un poco caótica. Según mi estado de ánimo u otras cosas, sentía la necesidad de escribir de una u otra forma. Intenté hacer caso de la forma en que funciona mi cabeza en lugar de hacer una estructura clásica. Escribo durante muchas horas o días seguidos porque cuando me concentro intento trabajar sin interrupciones. Quería explicar cómo es una persona neurodivergente a través de la voz narrativa de la protagonista porque todavía hay muchos prejuicios y desconocimiento.
¿Cuáles son los mitos con los que de manera más frecuente te encuentras respecto al autismo?
Normalmente la gente piensa que hay dos extremos. Se puede ser totalmente brillante e inteligente, hacer cálculos matemáticos muy rápido, como lo que antiguamente se denominada Asperger; o el otro extremo, que es una persona no hablante a quien le cuesta mucho trabajo comunicarse. Desde luego estos dos perfiles existen, pero hay un espectro más amplio y son esos matices los que no se conocen demasiado. Por eso para mí era importante mostrar a un personaje con dificultades sociales, pero que aun así tiene la capacidad de tener amigos e irse de fiesta, creo que esto es lo más real.





