opinión*
Dos tesis equivocadas sobre la transición (Artículo)
por Julio Moguel

Julio Moguel

I
Hemos leído y escuchado en no pocos espacios públicos y privados que el triunfo apabullante de la coalición Juntos haremos historia en las elecciones del pasado 1 de julio significa o significará la vuelta a un sistema presidencialista y de partido único (o casi único), ahora bajo el mando vertical –y autoritario, señalan algunos– de Andrés Manuel López Obrador. Volveríamos, según esta tesis, a los malos tiempos del priismo (en su secuencia y mutaciones PNR-PRM-PRI), bajo el esquema de una “dictadura perfecta”, redonda en sus quehaceres monolíticos y en los andares acotados de una sociedad nuevamente maniatada por una clase política siempre obsecuente a los caprichos del jefe político en cuestión.
Esta línea de interpretación olvida que el esquema presidencialista mantenido durante décadas por el PRI se basó en la existencia de corporaciones gremiales, políticas y civiles sistémicamente articuladas y políticamente domeñadas (por tal motivo denominado por muchos “sistema corporativo”), con estructuras charriles o caciquiles de mediación que emergieron desde abajo y embarnecieron en un espacio-tiempo de relativa bonanza en el terreno económico, con beneficios efectivos o migajas que, administrados y negociados con los sectores sociales más diversos dentro de un marco de renovada esperanza –de mejora–, hizo posible el mencionado sistema de “dictadura perfecta” al que en un tiempo atrás se refirió el escritor peruano Mario Vargas Llosa.

II

Se han dado a conocer a la vez análisis en los que se sostiene que, dados los mencionados resultados electorales del pasado 1 de julio, se impone o impondrá un sistema bipartidista de nuevo cuño, con la Coalición Juntos haremos historia (Morena, PT, PES), por un lado, y la presencia, por otro, de la coalición que encabeza el Partido de Acción Nacional (PAN-PRD-MC). Este sistema bipartidista vendría a sustituir al que se prefiguró desde el fin del sexenio zedillista, cuando vino la denominada “alternancia” entre el PRI y el PAN (18 años de la referida alternancia, desde el gobierno de Vicente Fox al de Enrique Peña Nieto), en el juego político de las carteras presidenciales, pero también en el que se estableció en la mayoría de los otros órdenes de gobierno y de representación popular.
Tal interpretación fue planteada de alguna manera por Luis Carlos Ugalde, cabeza de la consultoría Integralia, quien en un reporte reciente señaló que, “ante una victoria abrumadora de López Obrador”, el (nuevo) esquema de gobierno quedaría establecido por una “Mayoría de Morena en las cámaras federales; mayoría en 10 de 27 Congresos estatales; seis gubernaturas; bipartidismo Morena-PAN; gobierno con amplia legitimidad política; Ejecutivo con escasos contrapesos; capacidad reformista amplia […]; fuerte debilitamiento del PRI y colapso del PRD”. (En “Morena se alza sobre el cadáver del bipartidismo PRI-PAN”, de Jenaro Villamil, en Proceso núm. 2174, 3 de julio de 2018).
La circunstancia política generada por las votaciones del pasado 1 de julio no parecería ajustarse a dicha interpretación. Las variantes: más que un “fuerte debilitamiento” del PRI, lo que parece venir es su práctica y sencilla desaparición; y la distancia posicional (referida a los resultados electorales en prácticamente todos los niveles) entre la coalición encabezada por AMLO y el PAN (y aliados de circunstancia) es tan grande que pudiera calificarse como abismal: el tabasqueño obtuvo 30.4 puntos de diferencia porcentual frente a Ricardo Anaya (52.9 frente a 22.5%), y la coalición que encabeza obtuvo una cómoda mayoría en las Cámaras de Diputados (307 legisladores) y en la de Senadores (68 escaños), agregando a sus haberes no sólo la conquista de cinco gobiernos estatales –incluyendo la Ciudad de México, por supuesto– y mayorías significativas en las legislaturas y municipios estatales de los cuatro puntos cardinales del país.
Pensar que este panorama pudiera prefigurar un cierto bipartidismo Morena-PAN no cabe entonces en prácticamente ninguno de los tres niveles de gobierno (federal, estatal, municipal). Más aún, por el hecho de que sus partidos aliados en el proceso electoral tienden a su desaparición (el PRD y MC), o a su des-colocación política con destino final a la coalición que encabeza el partido Morena.
Pero el propio PAN entra sin duda en un proceso de reconversión dramática que tiende a dibujarse como un raquítico –y vergonzoso– proceso de “refundación”, poco promisorio si se piensa que el liderazgo de Ricardo Anaya se encuentra ya en vertical caída y que los “segmentos” del panismo que pudieran dirigir un cambio positivo “hacia adelante” se encuentran literalmente perdidos, como aguja en un pajar.

III

Lo que tenemos entonces a la vista no es un recambio “presidencialista” ni un sistema político distinto de “alternancia” entre Morena y el PAN. Vivimos más bien una crisis sistémica en todos los niveles (en sentido estricto: una crisis de régimen), bajo un pivote o vector hegemónico de fuerzas-en convergencia (AMLO-Morena-fuerzas políticas y sociales sumadas organizadamente o no al proceso de cambios) comprometido con una transformación radical (radical: en su connotación relativa a “la raíz”) y profunda que aún es difícil pensar en sus principales contornos o en sus reales marcos estructurales de aterrizaje y de posibilidad.
“La Cuarta Transformación [histórica] de México”, le llama el próximo presidente, Andrés Manuel López Obrador. Manejando el timón de un trasatlántico que en las brumas de los tiempos que vivimos resulta sencillamente esperanzador.
Pero si el régimen que llega no es “presidencialista” y no se trata de un nuevo “régimen de alternancia”, ¿cómo y bajo qué conceptos tendremos que armar nuestros nuevos esfuerzos de análisis y de aproximación? Ése, entre otros, es también un reto al que nos convocan los nuevos vientos que corren en el país.

Julio Moguel

Economista de la UNAM, con estudios de doctorado en Toulouse, Francia. Colaboró, durante más de 15 años, como articulista y como coordinador de un suplemento especializado sobre el campo, en La Jornada. Fue profesor de economía y de sociología en la UNAM de 1972 a 1997. Traductor del francés y del inglés, destaca su versión de El cementerio marino de Paul Valéry (Juan Pablos Editor). Ha sido autor y coautor de varios libros de economía, sociología, historia y literatura, entre los que destacan, de la editorial Siglo XXI, Historia de la Cuestión Agraria Mexicana (tomos VII, VIII y IX) y Los nuevos sujetos sociales del desarrollo rural; Chiapas: la guerra de los signos, de ediciones La Jornada; y, de Juan Pablos Editor, Juan Rulfo: otras miradas. Ha dirigido diversas revistas, entre ellas: Economía Informa, Rojo-amate y la Revista de la Universidad Autónoma de Guerrero.

*La opinión aquí vertida es responsabilidad de quien firma y no necesariamente representa la postura editorial de Aristegui Noticias.




    Contenido Relacionado


  1. La oleada indígena que llega (Artículo)
    junio 26, 2018 8:52 pm
  2. La imaginación al poder: Mai 68, en el 50 aniversario (Artículo de Julio Moguel)
    mayo 15, 2018 7:29 pm
  3. Universitarios frente al cambio (Artículo)
    mayo 5, 2018 6:43 pm
Escribe un comentario

Nota: Los comentarios aquí publicados fueron enviados por usuarios de Aristeguinoticias.com y han sido editados en orden de llegada. Invitamos a los usuarios a aprovechar este espacio de opinión con responsabilidad, sin ofensas, vulgaridad o difamación. Cualquier comentario que no cumpla con estas características, será removido.

Si encuentras algún contenido o comentario que no cumpla con los requisitos mencionados, escríbenos a comentarios@aristeguinoticias.com