Claudia, las pruebas y la doble vara | Por David Ordaz
La maquinaria para seguir defendiendo lo indefendible sigue en marcha y no parece que del lado de Palacio Nacional vaya a imperar la congruencia.
- David Ordaz

Por David Ordaz.
Las últimas dos semanas han sido como un tren sin control. Cuando el gobierno federal, la presidenta, su Fiscalía “autónoma” y las huestes de legisladores y aplaudidores pagados de los medios y redes afines encaminaban las baterías en contra de la gobernadora de Chihuahua por la injerencia de elementos de la CIA en un operativo contra un narcolaboratorio y a que la postre resultaron muertos, desde Estados Unidos cayó como balde de agua helada la acusación en contra del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, señalado por vínculos con el Cártel de Sinaloa en todas las vertientes posibles en que alguien puede involucrarse con el crimen organizado.
A partir de ese día y por los siguientes (hasta hoy), la narrativa presidencial repetida por todas sus cajas de resonancia dice: ‘pruebas’, ‘pruebas’, ‘pruebas’, envolviéndose 100 veces en la bandera nacional y vociferando por la soberanía, pero sin dar una respuesta concreta y contundente hacia un presidente y un país que han cumplido muchas de sus amenazas por más violatorias que sean al derecho internacional y los derechos humanos.
El presidente de ese país fue capaz de ordenar ir a la casa de otro presidente en Centroamérica, sacarlo de su habitación, detenerlo y trasladarlo a una Corte de Nueva York donde está siendo juzgado.
Ahí mismo, desde una oficina en la Fiscalía de NY, utilizando los mismos argumentos para señalar a Genaro García Luna por sus nexos con el narco, también apuntan a Rocha Moya y a 10 personas más por sus vínculos. En México la respuesta no ha sido la misma. La doble vara de la presidenta respecto a García Luna y Maru Campos y Rocha Moya, Marina del Pilar, Américo Villarreal y tantos más, desde luego que no ha sido la misma.
La ecuación no es complicada de entender, pero si de ejecutarla. La presidenta está entre la estabilidad comercial, de seguridad, etc., con Estados Unidos y solapar a un grupo de narcopolíticos de Morena, empezando por el gran líder de ese grupo: Andrés Manuel López Obrador.
Por acción u omisión, Claudia Sheinbaum puede pasar a la historia como responsable de la peor crisis entre ambos países si no da una respuesta pronta y firme.
Lamentablemente el panorama no se ve muy halagüeño. La doble vara con que mide la presidenta y su antecesor está muy clara. Cuando desde Estados Unidos señalaban “dichos” de narcotraficantes para señalar a García Luna, se llenaron la boca agradeciendo y vitoreando porque al fin se le llevó a la justicia, pero cuando usan “dichos” de narcotraficantes para pedir la detención de sus propios delincuentes y corruptos, ahí si piden ‘pruebas’, ‘pruebas’, ‘pruebas’, ‘pruebas’.
Paralelamente el gobierno no se cansa de decir que la FGR debe ser la encargada de abrir su propia investigación. ¿Cuál FGR? ¿la que López Obrador, a través de Gertz Manero usó como herramienta de extorsión en su sexenio?, ¿la que fue utilizada como moneda de cambio para que fuera encabezada por dedazo por la actual fiscal? o la que, desde el primer día utilizó a su “fiscal de asuntos relevantes”, que básicamente es un mediocre vocero lector de comunicados vengativos.
La maquinaria para seguir defendiendo lo indefendible sigue en marcha y no parece que del lado de Palacio Nacional vaya a imperar la congruencia.

