‘Apoyo al nuevo gobierno, pero con una visión crítica’: Paco Ignacio Taibo II
La publicación de La libertad, la bicicleta y El olor de las magnolias, es prueba de que ‘me siento lleno de energía’, sostiene el escritor.
(Redacción AN).

‘Ya tengo el cuero muy curtido’, dice Paco Ignacio Taibo II. El padre del detective Héctor Belascoarán Shyne, luce fresco. Atrás quedaron los días de campaña y sus consabidas polémicas.

Taibo está de regreso y con dos novelas bajo el brazo, La libertad, la bicicleta y El olor de las magnolias (Planeta). La primera retoma las crónicas sobre ciclismo de su padre, PIT I en la época del franquismo; la segunda, cuenta la historia de un grupo de aguerridos italianos afincados en Veracruz durante los últimos coletazos del Porfiriato.

Esta mañana, el escritor no quiere entrar en polémicas, ‘es tiempo de sumar y no restar’, advierte. No obstante, sin evasivas responde cuando se le cuestiona sobre algunos de los integrantes del equipo de Andrés Manuel López Obrador: ‘No basta con decir; ‘jalamos’, se necesita una respuesta desde abajo para coincidir o discernir’.

 ¿Por qué dos novelas en un solo libro?

Las terminé y entregué al mismo tiempo. Mi editor me propuso hacer un libro reversible para que salieran juntas y fuera más barato para los lectores.

En La libertad, la bicicleta, el protagonista es su padre. ¿Cómo fue tratarlo como personaje?

Fue sencillo en tanto que tenía la historia en la cabeza, pero complicado porque no encontraba sus reportajes. Cuando empecé a buscarlos hace cinco años, los periódicos que necesitaba no estaban en la red y tuve que ir a la hemeroteca en Madrid. Afortunadamente, El comercio de Gijón puso en internet su colección histórica y se facilitaron las cosas. Me hubiera gustado haberla platicado con él. De alguna manera el libro sirve trae la memoria del jefe, que para mí es una memoria siempre presente.

Su madre le dio parte de los archivos novelados.

Sí, mi mamá me entregó cuatro carpetas con fotografías y recortes, pero yo andaba detrás de ellas desde antes. Si bien mi padre deja el ciclismo a mi me heredó la pasión, sigo por televisión las carreras importantes.

¿Anda en bicicleta?

Para nada, soy teórico, me gusta seguir las carreras por televisión.

¿Descubrió algo de su padre la escritura de la novela?

No, confirmó la visión que tenía de aquella época y de mi padre. La clave está en la búsqueda de la libertad.

¿Cómo entiende la libertad?

Como la posibilidad de hacer lo que otros quieren impedir que hagas; es el espacio inmenso de una sociedad para expresar lo que quiere hacer contra los límites que esa propia sociedad impone a partir de la presión del aparato estatal. La libertad es una batalla de todos los pinches días.

¿Cuáles son sus límites?

En lo individual, el límite es la libertad de tu vecino. Hay que asumirlo con coherencia. Mi libertad es escuchar a Wagner a todo volumen, siempre que los hijos del vecino no estén durmiendo. En este delicado equilibrio intervienen la mediación y la justicia. No hay libertad extrema sin justicia absoluta. Para que una ley sirva debe tener excepciones, si carece de ellas está incompleta. En México desgraciadamente, los legisladores no trabajan así.

En México decimos que quien hace la ley hace la trampa.

En México la ley está hecha para tapar el negocio turbio y limitar los derechos de la gente, para aprovecharse por las vías de la corrupción. Creo que en los próximos intentaremos acabar con eso.

Le confieso que me gustó más La libertad, la bicicleta que El olor de las magnolias.

Fíjate, que chistoso. Son muy diferentes y yo esperaba que el libro que cautivara más fuera El olor de las magnolias. Entiendo que toda historia personal es apasionante, pero bueno… uno nunca sabe.

Ni tan diferentes, en ambas hay épica.

Sí, en La libertad, la bicicleta vemos la épica personal de un joven periodista español que busca huir de la dictadura por los caminos más extraños; y en la otra tenemos una historia que es épica pura y dura.

¿Por qué es importante la épica?

Porque te devuelve el sentido glorioso y grande de la historia; te saca de las historias de la miseria y te enfrenta al gran momento. No en balde me gusta la ópera de Wagner, ¡chinga!

¿Vivimos momentos épicos?

Vivimos momentos sorprendentes, las elecciones desconcertaron a todos, hasta a los que ganamos. Hubo una revolución popular de carácter electoral que sumó años de agravios, heridas abiertas y abusos.

¿Cómo quedó usted con las elecciones? Leí un artículo suyo en La Jornada

Estoy muy contento. Apoyo a los nuevos gobiernos, pero con una visión crítica, creo que será útil. No basta con decir; ‘jalamos’, se necesita una respuesta desde abajo para coincidir o discernir. La discusión está abierta y voy a participar en ella.

¿Tuvo algún costo la contienda?

En lo personal paz, destiné muchos meses a la campaña y me siento muy orgulloso de ello. Estuve un año en campaña, conferencias, mítines, trabajos en internet, regalos de libros a través de la Brigada para Leer en Libertad. Hace quince días entregué el programa de cultura para el gobierno de la ciudad.

En el artículo de La Jornada habla de una campaña en su contra…

La guerra sucia es la guerra sucia. A quienes no me quieren, tampoco los quiero de amigos. Ya me lo esperaba y no me sorprendió, tengo el cuero muy curtido.

¿No le dolieron los golpes?

No me siento triste, desgastado y menos golpeado. Al revés, me siento parte de una oleada triunfadora. Me siento tan lleno de energía que estoy apareciendo con dos novelas en la mano.

¿Cómo se lleva con Alfonso Romo?

He tenido tres o cuatro conversaciones con él. Hizo un trabajo importante en la campaña sumando por la derecha; mi labor era sumar por la izquierda, por lo tanto tenemos contradicciones y alguna vez se expresaron.

¿Se sentaría a tomar un café con él?

Me sentaría a discutir sin problema.

¿Con Manuel Bartlett?

Claro. Bartlett es un hombre de dos momentos históricos. Uno de ellos es la caída del sistema en 1988, entonces nos confrontamos en términos de justicia electoral. Después, lo vi defender a los electricistas de una manera muy sensata e intervenir en el Senado sobre la reforma energética. Me pareció un cuate que regresó a posiciones éticas después de ser instrumento pinche del sistema. Tengo menos conflicto con él, que con otros personajes que han llegado a la administración de Andrés Manuel.

¿A qué personajes se refiere?

No quiero entrar en la polémica, este es un momento para sumar y no restar. Si no hay de otra se producirán polémicas, pero sobre hechos concretos. En el camino descubriremos aliados, amigos y enemigos. Tenemos que abrir discusiones relacionadas con los agravios a la sociedad, pero en positivo.

¿Bejarano?

Su modelo de partido es muy corporativo y por eso chocamos mucho. Desde hace mucho no lo veo.

¿La política no lo distrae de la literatura?

No, son espacios complementarios. Escribí las novelas mientras estaba en la campaña. Vivo en una condición muy favorable, soy un privilegiado porque desde hace muchos años gano poco más de lo que gasto, gracias a mis derechos de autor. Esto me permite un nivel de libertad inmenso. No tengo obligaciones, reglas o compromisos. Nunca firmo un contrato editorial por adelantado, entrego el libro cuando está listo.

¿Qué diría su padre de La libertad, la bicicleta?

Estaría feliz, lo hubiera enriquecido su crítica.

¿Era crítico con sus libros?

Hablábamos mucho de literatura, de hecho yo corregí su última novela.

¿Y él corregía las suyas?

En ocasiones. A veces las leía hasta después de publicadas. Tenía una gran admiración por las novelas policiacas, pero tenía una pésima memoria.

¿En cuál de sus libros estuvo más presente su crítica?

No lo sé, tuvimos largas conversaciones cuando terminé el manuscrito de El Che. Me dijo, ‘es un acierto que el libro se desarrolle con dos voces, la del Che y la tuya’; pero me advirtió de los riesgos de que se empalmaran. A veces llegaba a conclusiones diferentes a las mías.

Durante su infancia fue enfermizo, ¿gracias a eso se acercó a la literatura?

La enfermedad me guió a la literatura. Vivía en una sociedad donde no había televisión y la radio era pésima, ante eso el libro era la única vía de escape.

¿Lo sigue siendo?

No, ahora junto al libro tengo los videojuegos. Soy experto en juegos de estrategia; además tenemos la posibilidad de ver películas en casa; aun así no pasa un día en el que no lea al menos treinta páginas.

¿Cuáles son sus videojuegos favoritos?

No lo digo, porque no quiero romper la clandestinidad, sólo te puedo decir que en uno estoy en el ranking mundial.

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