Facebook y Zuckerberg se enfrentan a la guillotina | Artículo

El consenso entre Demócratas y Republicanos, su claro conocimiento y preocupación por el tema, así como un enfoque unánime sin precedente en aspectos estructurales, anuncian una regulación inminente.

  • Antonio Salgado Borge
2021-10-09T13:30:10
Facebook y Zuckerberg se enfrentan a la guillotina | Artículo

Antonio Salgado Borge

 Aunque Mark Zuckerberg no se propuso originalmente crear una plataforma que fomentara el odio, la violencia o la depresión, el fundador de Facebook no ha hecho lo suficiente para evitar que su empresa distribuya contenidos tóxicos masivamente alrededor del mundo.

A Zuckerberg le ha faltado voluntad e incentivos. Pero los días en que la presencia o ausencia de estos factores determinan la forma en que Facebook aborda su responsabilidad con el público podrían estar contados.

Esta es la principal conclusión que se desprende de la presentación que Frances Haugen hizo ante el Congreso de Estados Unidos esta semana. Haugen es la empleada de esta red social que filtró miles de páginas de documentos al periódico The Wall Street Journal. Y aunque no aportó nueva información durante su comparecencia, su testimonio, tan valiente como poderoso, podría ser decisivo.

La cantidad y la calidad de información presentada por Haugen, junto con la difusión y alcance que ésta ha tenido, martillaron de forma convincente la idea de que cuando se trata de decidir entre lo que es bueno para las utilidades de Facebook y lo que es bueno para el público, esa empresa opta sistemáticamente por lo primero.

Confrontada con un escenario semejante, cualquier empresa haría circo y maroma con tal de cambiar todo lo necesario y evitar su derrumbe. Pero Zuckerberg y Facebook han sido desafiantes y no han mostrado un ápice de autocrítica.

En un sentido su reacción es entendible. En el pasado, los escándalos que han cimbrado a Facebook han lastimado el valor de esta empresa temporalmente; sin embargo, en cuestión de semanas las aguas han vuelto a su cauce.

Además, ante la presión pública la empresa de Zuckerberg suele abrir la llave para que fluyan sus recursos a políticos u organizaciones defensoras de su empresa. El resultado es una eventual vuelta a la página y el regreso al business as usual.

Pero hay motivos para pensar que la guillotina que pende sobre Facebook está cada vez más afilada y que en esta ocasión las cosas serán distintas.

En primer lugar, los argumentos de Zuckerberg lucen cada vez más desesperados e insostenibles.

En una publicación que buscó dar respuesta a la comparecencia de Haugen, Zuckerberg afirmó que si Facebook quisiera ignorar los resultados de sus propios estudios, no tendría sentido crear un programa de investigación líder en la industria sobre importantes asuntos.

El problema de este argumento es que las evidencias muestran que, en efecto, Facebook no sólo ha ignorado los resultados de sus investigaciones, sino que ha hecho a un lado a todas aquellas personas que intentan que estos resultados se traduzcan en acciones concretas.

En la misma publicación, Zuckerberg también alegó que, si no le importara combatir el contenido dañino, Facebook no emplearía a más personas dedicadas a hacerlo que otras compañías, incluyendo algunas más grandes.

Pero este argumento no tiene pies ni cabeza. Ahora sabemos que Facebook sabía perfectamente que su cambio de algoritmo para generar interacción favorecería al discurso de odio. También conocemos que esa empresa toma acción contra entre el 3 y 5% del discurso de odio y contra el 0.6% de la incitación a la violencia.

El fundador de Facebook también dijo que, si quisieran esconder los resultados de sus investigaciones, no habrían establecido un estándar de punta en la industria para la transparencia y para reportar lo que están haciendo.

Desconozco la idea que Zuckerberg tenga del concepto de transparencia. Lo cierto es considerando todo lo que Facebook sabe del peligro que representa, lo mínimo que uno esperaría es que estos resultados se hubiesen hecho públicos para buscar soluciones o alertar sobre sus posibles consecuencias.

Sin embargo, esto no ha ocurrido. Además, lo revelado por Haugen sería la punta del iceberg. Mucho se ha hablado del raudal de información y estudios que existen en esa empresa, pero que no pudieron ser consultados por esta informante.

Finalmente, Zuckerberg argumentó que, si las redes sociales son responsables de polarizar a la sociedad, “como algunas personas afirman”, no tendría sentido que la polarización haya aumentado en Estados Unidos al tiempo que se mantiene plana o declina en otros países con un uso igualmente intenso de redes sociales.

La respuesta a este argumento está incluida en uno de los reportes divulgados por Haugen: “Tenemos evidencia de una variedad de fuentes de que el discurso de odio, el discurso de división política y la desinformación en Facebook y su familia de apps está afectando sociedades alrededor del mundo”

Pobres y desesperados, los argumentos de Zuckerberg y Facebook anuncian que para ellos la batalla narrativa está irremediablemente perdida.

El segundo elemento que indica que la guillotina que pende sobre Facebook está cada vez más afilada, tiene que ver con la lógica de la comparecencia de Haugen ante el Congreso estadounidense esta semana.

Y es que, por increíble que parezca, este evento logró unir a las bancadas Demócrata y Republicana. Así, incluso senadores directamente confrontados o con posiciones irreconciliables en otros temas mostraron apertura ante lo dicho por Haugen. También expusieron su preocupación por varios de los impactos sociales reportados, detallaron casos que conocen de primera mano y fueron críticos con Facebook

Otro aspecto destacable fue la notable sofisticación que, en temas de redes sociales, algunas legisladoras y legisladores han ganado en los últimos años. Recordemos que cuando Zuckerberg compareció ante el Congreso en 2018, enfrentó preguntas sin sentido, ingenuas o simples que mostraban una incomprensión radical de aquello con lo que estaban lidiando. En contraste, en esta ocasión las legisladoras y legisladores claramente hicieron su tarea. Sus cuestionamientos fueron tan informados como relevantes.

También se evitó llevar la discusión al terreno de la lucha por la libertad de expresión o de sesgo –algo que los Republicanos han hecho constantemente—; en su lugar, ambas bancadas se enfocaron en asuntos estructurales, como la naturaleza de los algoritmos, los incentivos perversos que tiene esa empresa o los documentados daños sociales que está produciendo. En esta ocasión, incluso legisladores impresentables e infames, como Ted Cruz, estuvieron a la altura.

El consenso entre Demócratas y Republicanos, su claro conocimiento y preocupación por el tema, así como un enfoque unánime sin precedente en aspectos estructurales anuncian una regulación inminente. El comportamiento deplorable de Facebook y los argumentos lamentables de Zuckerberg señalan que esta empresa no tiene alguna forma presentable de construir una defensa.

El reto que viene no es, por ende, si habrá regulación, sino cuál será su naturaleza.  En cualquier caso, esta tendría que involucrar a personas expertas, ser el producto de una discusión informada y compleja. También debería trascender a Facebook, evitando soluciones simples o limitadas a atender las necesidades del momento.

A estas alturas, es sobradamente claro que no es exagerado afirmar que el modelo de Zuckerberg, permitido por la audiencia de controles a las empresas que operan redes sociales, se ha convertido en una amenaza existencial para las democracias occidentales, la paz, la cordialidad y la salud mental de millones de seres humanos.

La guillotina de la regulación está afilada y lista para caer sobre la cabeza de este modelo. Y el público lo demanda. La oportunidad que se nos presenta es invaluable. Vale entonces la pena asegurar un corte limpio, bien dirigido y preciso. Cualquier otro resultado nos dejaría en medio de un tiradero lamentable.

Facebook: Antonio Salgado Borge

Twitter: @asalgadoborge

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