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¿Tiene futuro Vox en México? | Artículo

Para un partido que aspire a llegar a la presidencia de la república, los costos de abrazar al Vox que conocemos son mucho mayores que sus beneficios. Sin embargo...

  • Antonio Salgado Borge
11 Sep, 2021 08:16
¿Tiene futuro Vox en México? | Artículo
@SenadoresdelPAN

Antonio Salgado Borge

Santiago Abascal sigue saboreando los saldos de su visita a México.

El presidente de Vox, un partido español de ultraderecha, presume desde ahora que fue recibido por senadores del principal partido de oposición en nuestro país. También alardea sobre el hecho de que firmó con ese partido, el PAN, un acuerdo.

Además, Abascal logró atraer todos los reflectores sobre Vox, algo no menor ahora que el nombre de este partido operará como una marca registrada. Poco importa que la alianza explícita entre Vox y el PAN haya nacido muerta.

Para el PAN, los saldos de la expedición abascalista no pueden ser más contrastantes. El enorme costo político de asociarse con Vox obligó a las principales figuras de ese partido a desmarcarse y quienes abrazaron a la ultraderecha española en público se vieron forzados a disculparse públicamente.

Sin embargo, contrario a lo que puede parecer inicialmente, el grupo de panistas que invitó a Vox no lo hizo necesariamente por mera estupidez o desconocimiento.

Este grupo probablemente es consciente de la crisis que atraviesa la derecha en México. En vez de depurar sus filas y de reinventarse ideológicamente como un partido de centro derecha moderno, el PAN ha seguido apostando por una campaña de miedo contra el gobierno federal en voz de los mismos personajes desacreditados. Su fracaso es evidente.

Este contexto abre de par en par las puertas para un fenómeno que se ha visto en otros países, como Estados Unidos o Reino Unido: la toma del principal partido de derecha por una de sus facciones más marginales y radicales. Los legisladores panistas que invitaron y abrazaron a Santiago Abascal y a Vox probablemente tenían esto en mente cuando decidieron dar ese paso.

Además, la polarización exterior abona esta posibilidad de radicalización interior. En este sentido, el discurso confrontador y separador del Presidente de alguna forma nulifica a sus rivales más moderados. Las circunstancias imponen estridencia, simpleza y definiciones claras capaces de salir bien libradas en un contraste mano a mano. Vox ofrece una fórmula bien calibrada a las facciones más radicales de la derecha mexicana.

Lo anterior se complementa con la existencia en México de un nicho marcado de votantes dispuestos a abrazar un proyecto de ultraderecha. Al interior del PAN, este grupo había estado representado por el Yunque, una facción ultraconservadora y ultracatólica que, según muchos panistas, no existe; pero cuya presencia e influencia está perfectamente documentada.

Comité de Acción Política de Vox

Comité de Acción Política de Vox

Al exterior de ese partido, grupos, como el Frente Nacional por la Familia y organizaciones nacionales o locales análogas, cuentan con estructuras que les permiten mantener cautivos a pequeños -pero ruidosos- contingentes de militantes. También cuentan con el apoyo de algunos jerarcas religiosos trasnochados y de legisladores que dependen de ellos.

Estos grupos, que prácticamente giran alrededor de dos causas únicas -su oposición a los derechos de las personas LGBTI y a los de las mujeres-, se han convertido en refugio de ultraderechistas que se unen alrededor de su repudio a una quimera que llaman “ideología de género”.

Vox ha sido pionero en la construcción de este despropósito, y ha exportado a Latinoamérica sus tropos y estrategias. Recurrir entonces a la fuente con el fin de maximizar el alcance de grupos como el FNF no parece una idea descabellada.

El anquilosamiento del PAN, el momento de polarización que se vive en México y la presencia de grupos ultraconservadores organizados y arengados alrededor de la ideología de género son todos factores que pudieron incidir en la decisión de algunos panistas de abrazar a Vox la semana pasada. Es decir, lo que vimos no fue un accidente estúpido surgido de la nada, sino un movimiento bien planeado para obtener réditos políticos y electorales.

Lo anterior no significa que este grupo de panistas no haya cometido un error rotundo al abrir a Vox sus puertas. Y es que existen varios elementos que hacen claro que Vox, al menos en su forma actual y como se presenta en España, estaría condenando al PAN a fracasar en México.

Por principio de cuentas, parte importante del discurso de Vox gira alrededor de la Conquista. No es casualidad que Abascal pose con un casco de conquistador o que ese partido bautizara a su intento de “salvar” a España del islamismo radical como “la reconquista”.

De acuerdo con Vox, los pueblos originarios de México tendrían que estar agradecidos con los conquistadores españoles. Y es que los comandados por Cortés les liberaron de la opresión de los aztecas, les trajeron desarrollo y un gran idioma. El aplastamiento de los que se resistieron se justifica a través de una guerra motivada por la necesidad de salvar sus almas herejes.

Es indudable que en nuestro país hay un puñado de personas que antes de mirarse al espejo comprarán este decurso. Sin embargo, hace falta cierto grado de mitomanía para suponer que semejantes sandeces pueden no resultar ofensivas para la mayor parte de la población mexicana -ya ni hablemos de entusiasmarla-. La vertiente conquistadora de Vox, importante para Abascal y compañía en España, es una pesada carga para quienes abracen a ese partido en América.

Otro factor por el que una alianza con Vox en su forma actual difícilmente podrá resultar exitosa para el PAN en México, tiene que ver con su lucha contra el comunismo. Mucho se ha hablado de lo anacrónico que resulta tomar esta bandera en 2021.

Concuerdo y no tengo algo que agregar en ese sentido. Lo que me interesa subrayar es que, en parte por una supina ignorancia y en parte por las tácticas de desinformación en línea, este dislocamiento no ha impedido que el discurso anti-comunista de la ultraderecha sea exitoso en otras partes del mundo. Por ejemplo, esta narrativa fue clave para el triunfo del Partido Republicano en Florida.

Pero este discurso difícilmente puede funcionar en México. Este es el caso porque, a estas alturas del sexenio, incluso la idea de que AMLO y Morena llevarían a México por la ruta del socialismo de Venezuela, profetizada y cacareada desde 2006 hasta el cansancio por los más radicales enemigos del Presidente, es a todas luces falsa. Ya ni hablemos de comunismo. En buena medida por eso el discurso anti-comunista de FRENAAA terminó en el mismo sitio que sus casas de campaña.

Vox

Vox

Finalmente, la manifestación actual de Vox no puede funcionar para el PAN en México por su dependencia en la fórmula populista contemporánea. Las columnas que soportan a este partido incluyen una figura carismática principal -Abascal-, una clara posición anti-sistema, anti-prensa y anti-ciencia, la idea de que es necesario regresar a un pasado glorioso y una fuerte estrategia digital.

Aquí el problema para Vox en México es doble. Aunque sin duda puede ser construida, no existe actualmente una figura carismática capaz de entusiasmar a la ultraderecha y luego tomar control de la derecha moderada.

Además, Vox tiene el problema de que el resto de las columnas que le soportan ya tienen propietario en México. Este dueño es, claramente, el Presidente. En nuestro país, estos elementos son utilizados pragmáticamente por AMLO y lo seguirán siendo en la campaña de 2024. Dado que en ese cuarto sólo cabe uno, Vox y compañía tendrán que esperar. Y nada garantiza que dentro de unos años esta fórmula seguirá siendo exitosa, sobre todo considerando el recambio generacional encabezado por los millenials y zoomers progresistas.

Pero sería un error suponer que de lo anterior se despende que Vox no tiene algún futuro México.

Ciertamente para un partido que aspire a llegar a la presidencia de la república los costos de abrazar al Vox que conocemos son actualmente mucho mayores que sus beneficios. Sin embargo, como hemos visto, existe en nuestro país un pequeño grupo listo para ser movilizado por una opción de ultraderecha.

Estos grupos podrían ser suficientes, por ejemplo, para mantener el registro de un partido y, por ende, para obtener acceso a recursos públicos y posiciones de poder. En consecuencia, siempre habrá alguna organización que buscará beneficiarse política y económicamente de ellos.

Santiago Abascal tiene entonces razones sobradas para estar contento tras el lanzamiento de Vox, marca registrada, en México.

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