opinión*
AMLO: ¿empresarización de los ni-nis? (Artículo)
por Julio Moguel
Reuters

Julio Moguel

I

Cuatro temas de la agenda de diálogo dieron un color especial a la reunión que Andrés Manuel López Obrador celebró con el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) el pasado 4 de julio: a) La creación de “mecanismos que permitan invertir en el sur del país”; b) El impulso especial “a las pequeñas y medianas empresas […], principales generadoras de empleo”; c) El “trabajo conjunto” entre el nuevo gobierno y el sector empresarial para vincular a “los jóvenes al mundo laboral [a través de] la figura de ‘aprendiz’” (con una responsabilidad tutorial a cargo de las empresas); d) La creación de un sistema universal de pensiones para los adultos mayores. La reunión que cinco días después tuvo AMLO con la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin) redondeó parte de estas posiciones.

En los presupuestos o en los entrelineados críticos de lo dicho por el virtual presidente electo a los empresarios, quedó evidenciado lo esencial:

a) El sacrificio “del Sur” –con población, economía y hábitats o espacios territoriales y ambientales de por medio– por los efectos o como producto de un desarrollo extremadamente desigual concitado por la avaricia y el productivismo salvajes de un reducido núcleo de empresarios aliados al –ahora prácticamente desahuciado– poder político gubernamental;

b) El desprecio o ninguneo de los amos del poder económico (y de sus aliados políticos, también jeques dentro del espacio económico) hacia “las pequeñas y medianas empresas” y el “sector social de la economía” (este último concepto fue expresamente definido por AMLO en la reunión con la Concamin), motores decisivos de un mercado interno que, pese a todo, sigue siendo la base mínima o de reserva que aún sostiene con vida a una parte significativa de la población nacional;

c) El –también salvaje– “despojo de futuro” que, dado el actual modelo económico y las políticas públicas en boga, ha venido afectando a millones de jóvenes que no encuentran espacios en el mundo educativo ni en el mundo laboral (los denominados ni-nis: “ni estudian ni trabajan”);

d) La condena impuesta a rajatabla y sin remedio al amplísimo segmento poblacional de los adultos mayores que, sin posibilidades de ingresos y de empleo, reducen sus muy mermados esfuerzos a buscar “el favor ajeno” o reducen sus condiciones de vida a una simple y llana mendicidad.

II

En su intervención frente a los empresarios, López Obrador no se ahorró precisiones y detalles. Los ahorros que se logren a partir de una serie de ajustes presupuestales ya programados permitirán asignar 90 mil millones de pesos al programa de becas para jóvenes y 35 mil millones de pesos para ampliar los montos asignados a las pensiones de los adultos mayores. (En su diálogo con los empresarios, AMLO redondeó la cifra en 150 mil millones de pesos, añadiendo a este “piso” de apoyos recursos para personas con discapacidad).

Los 90 mil millones referidos se inscribirán en un programa de becas que permitan que la alianza empresarios-sector social y gobierno permita “vincular a los jóvenes al mundo laboral”. Se trata de beneficiar con ello a 2 millones 600 mil jóvenes (los mencionados ni-nis), en el marco de procesos de capacitación “fuera del aula” o del sistema escolarizado bajo la figura de “aprendiz”.

III

¿Se empresariza con esta línea de concepto y política el piso que requieren 2 millones 600 mil jóvenes ni-nis para poder salir de su condición de marginalidad y pobreza? ¿Se empresariza con ello su perspectiva de formación y, con ello, sus posibilidades de avance y de realización? De ninguna manera. Habrá que hacer los cruces correctos en el análisis para llegar a conclusiones correctas, desmontando en la aproximación lo que para algunos –teóricos, políticos, periodistas– no ha sido sino una simple y glamorosa entrega de AMLO a la iniciativa privada y, de paso, un abandono de sus promesas primeras de política pública en materia económica y social.

Integremos bien las ecuaciones. Apoyémonos para ello en un ejemplo simple, ya solvente en las líneas planteadas por el triunfador de las elecciones presidenciales del 1 de julio. Si en la perspectiva de AMLO son “primero los pobres” y, dentro de éstos, como primeros de los primeros, los conglomerados indígenas del país (el tabasqueño ya lo ha hecho explícito), queda perfilado un esquema en el que la prioridad fundamental –y más inmediata– en la asignación de becas en el modelo de “aprendiz” se dirigirá a los miles de jóvenes pertenecientes a ese segmento poblacional. ¿Qué empresas podrán asumir la responsabilidad de ofrecer las tutorías correspondientes a estos jóvenes indígenas ni-nis del país? Siguiendo nuestro ejemplo, cabe la pregunta: ¿Las empresas mineras, que han despojado de sus territorios a muchos pobladores indígenas y han destruido una parte no menor de los ecosistemas del país? No será lógicamente tal tipo de empresa el que se encargue de la capacitación extraescolar de los jóvenes en cuestión.

Más aún. Si, como ha comprometido ya López Obrador (y Claudia Sheinbaum para la Ciudad de México), se reconocerán plenamente los derechos humanos, sociales, políticos, culturales y económicos de las comunidades indígenas (Pueblos y Barrios Originarios y Comunidades Indígenas Residentes, para el caso de la CDMX), la línea de asignación y del rol que podrán jugar las becas correspondientes tendrá que ser convenida con tales sujetos de derecho, bajo mecanismos de diálogo y consulta que se atengan, al menos, a lo que indica el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo en un nivel nacional, y a lo que ordena la Constitución Política de la ciudad capital.

El ejercicio que habrá que hacer para definir los términos y las condiciones en que pueda realizarse la mencionada “vinculación entre los jóvenes ni-nis y el mundo laboral” no es entonces simple ni lineal, pues el esquema abre un curso nuevo –no transitado hasta el momento– de enormes posibilidades, en el que, más que las cúpulas empresariales o el capital transnacional, los que se ocupen de capacitar a “los aprendices” sean sobre todo las pequeñas y medianas empresas y, más aún, las unidades productivas o de servicios que forman parte del denominado “sector social”.

Julio Moguel

Economista de la UNAM, con estudios de doctorado en Toulouse, Francia. Colaboró, durante más de 15 años, como articulista y como coordinador de un suplemento especializado sobre el campo, en La Jornada. Fue profesor de economía y de sociología en la UNAM de 1972 a 1997. Traductor del francés y del inglés, destaca su versión de El cementerio marino de Paul Valéry (Juan Pablos Editor). Ha sido autor y coautor de varios libros de economía, sociología, historia y literatura, entre los que destacan, de la editorial Siglo XXI, Historia de la Cuestión Agraria Mexicana (tomos VII, VIII y IX) y Los nuevos sujetos sociales del desarrollo rural; Chiapas: la guerra de los signos, de ediciones La Jornada; y, de Juan Pablos Editor, Juan Rulfo: otras miradas. Ha dirigido diversas revistas, entre ellas: Economía Informa, Rojo-amate y la Revista de la Universidad Autónoma de Guerrero.

*La opinión aquí vertida es responsabilidad de quien firma y no necesariamente representa la postura editorial de Aristegui Noticias.




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