'Mis padres', un relato a partir de una pintura del David Hockney
Rendimos homenaje al artista británico recientemente fallecido con este texto de Marco A. Cervantes.
- Redacción AN / HG

Por Marco A. Cervantes
A Tono, mi papá, por la pintura.
Tuve a un pintor extraviado por tres meses: en la calle de Justo Sierra, en el Centro, hay locales que venden saldos de libros, carteles y revistas de todo lo posible. Con suerte y paciencia te puedes encontrar un libro de Vázquez Montalbán o un Alma Guillermoprieto a $10.00. Era principios de año, y vi que en un puesto casi regalaban un calendario. De esos que dedican a un mismo pintor todo el año: desde enero a diciembre un cuadro distinto.
La primera pintura del aquel calendario me entusiasmó por la fuerza expresiva, es decir, era bien triste. Pero la pintura estaba compuesta de tal manera que añadía una calidez distinta a lo que contaba el cuadro. Vi de reojo el apellido; no conocía al autor. Las escenas me recordaban a Edward Hopper, pero con una técnica distinta. Escenas mucho más elaboradas: una tensión más compleja. Me asombró mucho.
Otra vez me ganó la desidia y la prisa. “Regreso mañana”, pensé. Por supuesto no regresé. Pasó una semana. Dos. Tres. Pero no olvidaba mi pendiente: el pintor me había llamado mucho la atención. “Tengo que ir, tengo que ir”.
Regresé al puesto un mes después. Ya no estaba el calendario: los saldos se habían agotado.
No era Hopper, ¿pero cómo se apellidaba el pintor? Pensé en mi absurda justificación de siempre: “tengo buena memoria, no tendré el calendario, pero reconoceré los cuadros por internet”. Entonces traté de recordar el nombre del pintor y buscarlo en Google: ¿Luckey? No. ¿Boockey? No. ¿Hockey? No. “Está bien, revisaré catálogos de pintores contemporáneos norteamericanos”. No. Recurrí al sitio del Metropolitan. Del MoMa. Nada.
Me trataba de guiar por el recuerdo visual de aquella pintura que vi: sabía que la sensación sería la misma al reencontrarla y lo recordaría al instante. “Está bien, buscaré por eBay o Amazon los calendarios publicados”. No. “Está bien… buscaré en catálogos”. Vi cientos de pinturas: tanteaba en listas interminables; no encontraba al pintor.
Pasaron tres meses y buscaba no sé qué en internet. Y de pronto el asombro: vi la pintura en un recuadro, y sí: la misma sensación. El apellido coincidía con el recuerdo: David Hockney.
Un par de ancianos en una misma habitación verde. Los dos de pelo blanco. Ella erguida con un vestido entallado y sandalias cafés. Él, fuera de este mundo, absorto, lee el periódico. Los dos en cada extremo del cuadro los divide un mueble de madera con un espejo y flores. Ella, cómplice, ve al pintor. La pareja: un par de extraños en un cuadro lleno de luz. El título de la pintura es: “Mis padres”. El pintor cuenta una trama más compleja de lo que los protagonistas del cuadro podrían contar.
Ese era el cuadro que vi y se me perdió durante semanas.





