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‘Un hijo propio’ llega a Netflix: maternidad, presión social y una historia real | Entrevista

¿Qué tanto puede hacer una mujer por ser mamá? En entrevista con Aristegui Noticias, Maite Alberdi, Sandra Godínez, Maximiliano Sanguine, Ana Celeste Montalvo y Armando Espitia hablan sobre lo que hay detrás del documental “Un hijo propio”.

  • Redacción AN / JSC
14 Aug, 2026 14:26
‘Un hijo propio’ llega a Netflix: maternidad, presión social y una historia real | Entrevista

Por Julieta Sales Cruz 

En 2009, Eleonor Alejandra Marín Mendoza, una mujer de 26 años que trabajaba en el Hospital General de México, construyó durante meses una historia alrededor de un embarazo que nunca existió y sostuvo la mentira hasta sus últimas consecuencias.

El 17 de junio de aquel año, entró al área de ginecobstetricia del hospital, tomó a una bebé de un día de vida y salió con ella dentro de una bolsa de papel. Las cámaras de seguridad registraron el momento y horas después la policía la localizó en un hotel junto con su esposo Arturo. La bebé fue rescatada en buen estado de salud. Alejandra fue detenida y sentenciada a más de 13 años en prisión.

El caso ocupó titulares y durante años quedó asociado a la imagen de una mujer que fingió un embarazo y robó a una recién nacida.

Un hijo propio, el documental de la directora chilena Maite Alberdi, decide regresar a esa historia 17 años después, desde otro lugar.

En entrevista para Aristegui Noticias, Alberdi, los productores Maximiliano Sanguine y Sandra Godínez, así como los actores Ana Celeste Montalvo y Armando Espitia, hablaron sobre el proceso de llevar esta historia a la pantalla y acercarse a sus protagonistas sin reducirlos al crimen que los convirtió en noticia.

“Yo no podía creer que todo lo que me estuviera contando (Alejandra) fuera real”, recuerda Alberdi sobre el primer acercamiento al caso.

La sorpresa inicial, sin embargo, pronto dio paso a otra pregunta: “Por qué una mujer necesita fingir un embarazo y qué papel juegan todas esas presiones invisibles en torno a la maternidad”.

El centro de la cinta no está en justificar lo que hizo Alejandra, sino en tratar de entender cómo una serie de expectativas familiares y sociales pueden pesar sobre una mujer que siente que no está cumpliendo con los roles de género que se esperan de ella.

Pero en Un hijo propio, la historia tampoco se cuenta únicamente desde la visión de Alejandra. Del otro lado está Mayra, la madre de la bebé, y el dolor de una mujer a quien le arrebataron a su hija.

“Eran dos historias muy dolorosas: una mujer que había tenido que hacer todo esto para lograr ser mamá y otra a la que le habían robado a su bebé”, explica Alberdi.

Esa dualidad determina la estructura de Un hijo propio. Primero aparece Alejandra y su versión de los hechos. Después, llegan las otras voces, los expedientes, los testimonios y los archivos que permiten completar la historia. La película pide al espectador que conozca primero a la persona antes de enfrentarse por completo al crimen.

Sandra Godínez, productora de la película, recuerda que ese también fue el proceso que vivió el equipo durante la investigación. “Empezamos con la entrevista de Ale y después nos dimos a la tarea de ver en el expediente a todos los que habían participado”, explica. Buscaron a Mayra, a la jueza, a los peritos y a otras personas involucradas, mientras reunían todo el material de archivo disponible.

El proceso tomó años y esa dimensión temporal terminó por ser fundamental para el documental. “Solo el tiempo nos permite entender las complejidades”, afirma Alberdi.

Para Maximiliano Sanguine, productor de Un hijo propio “era muy difícil entender que una película documental, que un proyecto en realidad audiovisual, pudiera llevar casi cinco años”, cuenta.

Las realizadoras destacaron que había momentos importantes del caso sin imágenes suficientes, que necesitaban una representación para llegar a la pantalla. El equipo comenzó entonces a buscar cualquier fragmento que pudiera ayudar a reconstruir la vida de Alejandra antes del crimen. Apareció un video grabado en un teléfono celular relacionado con el robo de la bebé. Después encontraron un DVD con imágenes del baby shower de Alejandra. Sandra Godínez revisó el archivo familiar, resguardado en cintas VHS, hasta encontrar también el video de la boda de Alejandra y Arturo.

“Todo esto de alguna manera nos dio esa perspectiva”, explica Sanguine.  La película cruza así entrevistas, archivos y escenas interpretadas por actores para representar no solo lo que ocurrió, sino la forma en que Alejandra construyó y entendió su propia historia.

“Es una representación de su visión subjetiva, de lo que ella se quiere contar a sí misma”, explica Alberdi.

La apuesta hace que Un hijo propio se aleje por momentos del true crime tradicional. No hay una reconstrucción permanente del crimen ni una búsqueda constante de tensión. También existen escenas cotidianas, momentos de humor y situaciones que permiten conocer a los personajes antes de que la tragedia los defina.

“Es una tragedia, pero en medio de esa tragedia gigante pasaban otras cosas”, dice Alberdi.

Esa mirada también fue necesaria para construir la relación entre Alejandra y Arturo, interpretados por Ana Celeste Montalvo y Armando Espitia. Ambos tenían la responsabilidad de acercarse a personas reales y no a personajes creados desde cero.

“Cuando las personas existen y tienen una historia, no hay otro camino más que dignificar y respetar sus historias”, explica Espitia.

Montalvo conoció a Alejandra durante el proceso y recuerda que ese encuentro modificó la idea que había construido a partir de los medios. “Me impresionó mucho que me cayó bien”, cuenta. Descubrió a una mujer divertida, con una personalidad que no aparecía en la imagen pública del caso.

Para Espitia, el reto estaba en encontrar esa misma complejidad en Arturo. No quería interpretarlo únicamente como el hombre que presiona a su pareja para tener un hijo. Encontró en él una ternura escondida detrás de una “coraza muy grande” y un deseo genuino de ser padre.

Los actores trabajaron durante meses con Alberdi y el coach actoral para regresar constantemente a una misma idea: “Nosotros volvíamos siempre a que se aman”, recuerda Espitia. “Tenían un plan juntos, el deseo era mutuo y se querían”, agrega.

Los actores incluso realizaron ensayos de hasta 12 horas para construir esa relación. El trabajo permitió que las escenas llegaran al set con una conexión que no dependiera únicamente de la actuación, que también tuvo un impacto emocional fuera de cámara.

Montalvo cuenta que el proceso fue especialmente intenso. “Sí lloré mucho, sí me cuestioné mucho, sí me pasaron muchas cosas a mí personalmente con este personaje”, reconoce.

Espitia recuerda una escena en particular que todavía le provoca una reacción física. Su personaje había conseguido aquello que buscaba durante toda la historia: formar una familia. Cuando esa familia es lastimada, la experiencia dejó de sentirse únicamente como actuación.

“Se vuelve ya no tan actoral y se vuelve un poco más personal”, dice. “Me va a quedar, yo creo que para siempre”.

Con el paso de los años también cambió la mirada de quienes participaron en Un hijo propio. Godínez asegura que su principal aprendizaje fue asumir la responsabilidad que cada persona tiene cuando juzga a alguien sin conocer lo que ocurre detrás. “Nunca sé qué está viviendo, qué está pasando esa persona y cómo le puede afectar un simple comentario”, explica.

Montalvo, por su parte, aseguró “creo que soy otra persona después de esta película”. El personaje la llevó a cuestionar ideas sobre el cuerpo, la maternidad, las expectativas y exigencias que las mujeres reciben desde pequeñas. “Es un dolor compartido al final y aprendido también”, dice.

Alberdi reconoce que la película cambió su mirada sobre la maternidad y las presiones que existen alrededor de ella.
“Soy muy consciente de todas las presiones que ejercemos a diario sin darnos cuenta y como sobre todo en Latinoamérica es una decisión social, más que individual”.

Un hijo propio, disponible en la plataforma de streaming Netflix, parte de un caso que en su momento parecía difícil de explicar y termina poniendo sobre la mesa una discusión más amplia: qué hay detrás del deseo de ser madre y cuánto pueden pesar las expectativas familiares y sociales alrededor de esa decisión.

Su apuesta está en mirar todo lo que rodeó aquel día en el Hospital General de México: los abortos que Alejandra ocultó, su deseo de convertirse en madre, la presión de su entorno, su relación con Arturo, el dolor de Mayra y una idea de maternidad que todavía puede determinar la forma en que muchas mujeres entienden su propia vida.