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Propone Sheinbaum en Barcelona usar 10% del gasto militar global en reforestación

La iniciativa busca financiar reforestación masiva y generar empleo mediante la reasignación de recursos internacionales.

  • Redacción AN / LP
18 Apr, 2026 12:10
Propone Sheinbaum en Barcelona usar 10% del gasto militar global en reforestación

La presidenta Claudia Sheinbaum propuso destinar el 10% del gasto mundial en armamento a un programa global de reforestación durante su participación en la IV Cumbre en Defensa de la Democracia, celebrada en Barcelona, España.

En su intervención, la mandataria planteó redirigir recursos que actualmente se utilizan en la industria militar hacia acciones ambientales, con el objetivo de impulsar la recuperación de ecosistemas y la generación de empleo a nivel global. 

“Destinar el 10% del gasto mundial en armamento (…) para impulsar un programa global que permita a millones de personas reforestar millones de hectáreas cada año”, señaló.

Sheinbaum indicó que esta iniciativa fue previamente presentada en el marco del G20 y la describió como una medida de alcance internacional que busca contribuir a la mitigación de los efectos del cambio climático, así como a la construcción de paz.

En vez de sembrar guerra, sembremos paz; sembremos vida.

Durante su discurso, la presidenta contextualizó la propuesta dentro de una visión más amplia sobre democracia, desarrollo y justicia social. 

Señaló que, en un entorno global marcado por conflictos armados y desigualdad, es necesario replantear las prioridades del gasto público internacional y fortalecer políticas orientadas al bienestar colectivo.

Asimismo, subrayó que la democracia no puede entenderse únicamente como un sistema político, sino como un modelo que garantice derechos sociales y condiciones de vida dignas. 

En este sentido, destacó que la libertad, en el marco democrático, debe estar acompañada por justicia social, soberanía y dignidad de los pueblos.

La mandataria también planteó que la redistribución de recursos puede ser un instrumento clave para enfrentar problemáticas estructurales, como la pobreza y el deterioro ambiental. 

De acuerdo con su planteamiento, el uso de una fracción del gasto militar permitiría financiar acciones concretas de restauración ecológica en distintas regiones del mundo.

Declaración contra la intervención militar en Cuba

En otro momento de su intervención, Sheinbaum propuso una declaración en contra de la intervención militar en Cuba, así como el fortalecimiento del diálogo como mecanismo para la resolución de conflictos internacionales.

Además, extendió una invitación para que México sea sede de una próxima edición de la Cumbre, con el propósito de discutir modelos económicos centrados en el bienestar y mecanismos democráticos orientados a responder a las necesidades sociales.

La presidenta concluyó su participación con un llamado a construir una democracia basada en la inclusión, la cooperación y el respeto a la diversidad, en un contexto internacional que enfrenta desafíos en materia de paz, desarrollo y gobernanza global.

Lee aquí el discurso completo de la presidente Claudia Sheinbaum en la IV Cumbre en Defensa de la Democracia

Vengo a la Cumbre por la Democracia a nombre de un pueblo trabajador, creativo y luchador, pero sobre todo profundamente generoso.

Un pueblo que ha aprendido no solo a resistir, sino a defender sus derechos sin dejar de respetar a los demás; a creer en la paz, incluso cuando la historia le ha puesto pruebas difíciles. Vengo a nombre de un pueblo solidario hasta en la adversidad, profundamente humano, que se resiste al individualismo, que rechaza la discriminación y que se niega, con dignidad, a mirar al otro o a la otra desde el desprecio.

Vengo de un pueblo que reconoce su origen en las grandes culturas originarias, aquellas que fueron acalladas, esclavizadas y saqueadas, pero que nunca fueron derrotadas, porque hay memorias que no se conquistan y raíces que nunca se arrancan.

Vengo de la Pirámide del Sol, vengo de Tláloc, de Huitzilopochtli, de Coatlicue. Vengo de una historia milenaria que no es pasado, es presente vivo en nuestras comunidades, en nuestras lenguas, en nuestra forma de mirar el mundo. Vengo de un pueblo con valores espirituales profundos que sabe que su historia es sagrada, porque en ella encuentra la fuerza para levantarse, para resistir y para seguir tejiendo con dignidad su destino.

Vengo del legado de Miguel Hidalgo y Costilla, que en 1810 levantó la voz por la independencia y, días después, tuvo la valentía de declarar la abolición de la esclavitud.

Vengo con el legado de José María Morelos y Pavón, que en Los Sentimientos de la Nación escribió palabras que aún estremecen: que la soberanía emana del pueblo, que debía moderarse la indigencia y la opulencia, que la dignidad no admite castas, sino solo la diferencia entre el vicio y la virtud.

Vengo con el legado de la independentista Leona Vicario, que desafió su tiempo para defender el derecho de las mujeres a luchar por su patria. Vengo con la dignidad de José Ortiz Tejada y Esquirón, que nos recordó que no debe premiarse a quien sirve a la patria, sino castigar a quien se sirve de ella.

Vengo cubierta con el legado del Benemérito de las Américas, el presidente Benito Juárez, indígena zapoteco, que con los liberales mexicanos separó la Iglesia del Estado a mediados del siglo XIX, que defendió a la República frente a la invasión extranjera y que, cuando triunfó, nos dejó una verdad que pertenece al mundo entero: “Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz.”

Vengo cubierta con el legado de Zapata, de Villa, de Madero, de Carranza, de Felipe Ángeles, de Adela Velarde, de Hermila Galindo; mujeres y hombres que en 1910 se levantaron no por ambición, sino por justicia; no por poder, sino por el derecho del pueblo de México a la democracia, a sus recursos naturales y a decidir sobre su propio destino.

Vengo cubierta con el legado del general Lázaro Cárdenas, que cuando el mundo cerraba puertas a los republicanos españoles, abrió las de México para recibir a quienes huían del dolor y de la guerra. Vengo de un país que abrazó el exilio y convirtió la solidaridad en acción. Vengo reconociendo la valentía de Frida Kahlo, que aun en la fragilidad física supo llenar de colores la lucha por la justicia.

Vengo a recordar que México ha sabido sostener sus principios incluso en soledad; que alzó la voz contra el bloqueo a Cuba en 1962, cuando otros guardaron silencio. Que hasta la fecha creemos, hablando de esa pequeña isla del Caribe, que ningún pueblo es pequeño, sino grande y estoico cuando defiende su soberanía y el derecho a una vida plena.

Vengo también de las y los jóvenes conscientes que todos los días luchan por un país libre, democrático y más justo; de mujeres y hombres que creen en la transformación pacífica, en la justicia social y en la dignidad humana como principio universal. Vengo orgullosa de mi pueblo, de su historia, de su capacidad de resistir, de compartir y de no olvidar a quienes más lo necesitan.

Un pueblo que en 2018 decidió que el desarrollo democrático existe cuando se trabaja para la prosperidad compartida, o como lo decimos en México: “por el bien de todos, primero los pobres.” Vengo de un pueblo que en 2024 decidió romper su historia de machismo y eligió a su primera mujer presidenta, para que llegáramos todas.

Vengo a la Cumbre por la Democracia para felicitar a mis colegas presidentes que luchan todos los días por ella. Vengo a contarles lo que México tiene como principios constitucionales surgidos de su historia en materia de política exterior.

Porque en un mundo herido por la guerra y por la desigualdad, estos principios democráticos siguen siendo un aporte de México a los pueblos del mundo, como un símbolo de esperanza.

Los principios democráticos también significan libertad, pero vale la pena preguntarnos: ¿cuál libertad? ¿La libertad que defiende el conservadurismo? ¿La libertad de someterse a intereses externos? ¿La libertad de convertir a las naciones en colonias modernas? ¿O la libertad del mercado sin Estado, que convierte a muchos en nada y a pocos en mucho?

No. Creemos que la democracia implica libertad, pero la libertad es una palabra vacía si no la acompaña la justicia social, la soberanía y la dignidad de los pueblos.

Cuando hablamos de democracia, no es la de las élites, sino la del pueblo. No es la de la concentración de la riqueza, sino la de la distribución. No es la de la imposición, sino la de la participación. No es la de la guerra, sino la de la paz. No es la de la indiferencia y la exclusión, sino la de la cooperación y la inclusión.

Cuando hablamos de democracia, nos referimos a la democratización de la cultura, del acceso a la educación, del acceso a la salud; al fin último de los gobiernos, que es la procuración de la felicidad de sus pueblos.

La democracia, como decía Abraham Lincoln, es el poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. No hay democracia cuando no hay opción para los pobres, para los desposeídos.

Por ello, quiero proponer una acción concreta que planteé en el G20. Es sencilla: destinar el 10% del gasto mundial en armamento, que asciende a miles de millones de dólares, para impulsar un programa global que permita a millones de personas reforestar millones de hectáreas cada año. En vez de sembrar guerra, sembremos paz; sembremos vida.

Quiero proponer también una declaración en contra de la intervención militar en Cuba, para que el diálogo y la paz prevalezcan.

Y quiero extender una invitación para que esta Cumbre tenga como próxima sede a México, donde podamos dialogar sobre una economía centrada en el bienestar y sobre una democracia que responda a las verdaderas necesidades de los pueblos.

Porque la democracia significa elevar el amor por encima del odio; cultivar la generosidad en lugar de la avaricia; la fraternidad por encima de la guerra.

La democracia significa que la vida no se compra, como tampoco la libertad ni la dignidad de los pueblos.

La democracia significa que solo el respeto a la diversidad y el amor por los demás hará posible construir un mundo donde quepan todas y todos: todos los pueblos, todas las lenguas, todas las culturas, todas las naciones.

Soy una mujer de paz y represento a una nación que ama la libertad, la justicia y la fraternidad, y que entiende la democracia como lo diría el gran Benito Juárez:

“Con el pueblo, todo; sin el pueblo, nada. Con los pueblos, todo; sin los pueblos, nada.”