'FIFA Mafia': El libro que desnudó los sobornos y el imperio del futbol
Kistner denuncia cómo la FIFA impone a los países anfitriones un 'catálogo de garantías' que viola la soberanía nacional.
- Redacción AN / BJC

“Desde hace ya tiempo, este deporte ha dejado de ser un terreno imparcial. Quien busque popularidad tiene que rendirle honor al balón”. Con estas palabras el periodista alemán Thomas Kistner adelantó desde 2015 el poder que el futbol y la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) habían acumulado al operar como una estructura mafiosa y que hoy hacen eco en el marco de la Copa Mundial 2026.
Publicado originalmente en 2012, ampliado en 2014 y traducido al español en 2015, el libro “Fifa Mafia” se adelantó a la explosión del escándalo de corrupción conocido como FIFA GATE, que implica una red de sobornos fraudes y lavado de dinero en el corazón de la Federación, confederaciones continentales y empresas vinculadas al futbol.
Kistner presenta en el libro una investigación de más de veinte años sobre el origen y crecimiento de la FIFA, a la cual el autor alemán describe como un cártel transnacional que ha convertido al deporte más popular del planeta en su cajero automático personal.
Para el periodista, la organización está diseñada como una estructura de poder patriarcal en la que el presidente- entonces históricamente João Havelange y luego su protegido Joseph S. Blatter- opera como un auténtico “Padrino” que lo controla todo, exige lealtad absoluta y no rinde cuentas a nadie.

Según el libro, la FIFA saca un provecho extraordinario de su estatus legal en Suiza, donde está registrada como una simple asociación sin fines de lucro, lo que le permite a la federación blindarse contra las investigaciones por corrupción y operar al margen de la justicia estatal.
Entre los principales casos de corrupción documentados por el periodista está el de la agencia de marketing deportivo ISL (International Sport and Leisure), socia histórica de la FIFA.
Kistner detalla cómo, entre 1989 y 2001, esta empresa pagó más de 140 millones de francos suizos en sobornos a altos directivos del deporte para asegurarse los lucrativos derechos de televisión y publicidad de los mundiales.

Foto: Cuartoscuro
También asegura que la adjudicación de las sedes de las Copas del Mundo es como una “rueda de la fortuna” donde pululan agentes, pasadores de dinero y sobornos. El autor expone cómo la doble adjudicación de los mundiales de Rusia 2018 y Catar 2022 se hizo en un mismo paquete para asegurar ganancias ilícitas a una generación de ejecutivos antes de su jubilación.
Kistner también denuncia cómo la FIFA impone a los países anfitriones un “catálogo de garantías” que viola la soberanía nacional. Por ejemplo, exige exenciones fiscales absolutas, la anulación temporal de leyes laborales, e incluso presiona para conseguir excepciones en las leyes contra el blanqueo de dinero.
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El libro no absuelve a la clase política ni a los grandes patrocinadores. Su obra expone cómo presidentes, primeros ministros y cancilleres de todo el mundo se rinden ante la FIFA, perdiendo su dignidad y su deber de control estatal con tal de asegurar una sede mundialista.
Finalmente, para Thomas Kistner, el futbol se ha convertido en un “imperio colonial” y en “el mayor agujero negro de nuestra época”, donde los ciudadanos y contribuyentes asumen las multimillonarias pérdidas de los mundiales, mientras los jerarcas de la FIFA se reparten el botín en cuentas offshore bajo el amparo de la pasión de los aficionados.
¿Qué dice el libro sobre México?
El autor dedica parte de su libro a los hermanos mexicanos Jaime y Enrique Byrom, a quienes describe como parte del “núcleo familiar y empresarial de la FIFA”.
A través de su empresa con sede en Manchester (y más tarde a través de firmas como Match AG), estos hermanos controlaron durante décadas la mayor parte del lucrativo negocio de la venta de entradas y alojamiento en hoteles para las Copas del Mundo.
El libro detalla que los hermanos mexicanos lograron esta concesión como “aliados del anterior amo de la FIFA, João Havelange”, con quien consiguieron el permiso para vender las entradas del Mundial de México 1986.
Kistner subraya que, a pesar de protagonizar repetidos desastres logísticos- como entradas impresas con retraso, estadios con huecos vacíos y vínculos de amigos suyos con el mercado negr-, los Byrom siempre conservaron su negocio seguro como “guardianes de las entradas” gracias a sus conexiones directas con Sepp Blatter y el poderoso directivo Jack Warner.





