“La paternidad no sólo me ha dado fuerza, también me ha centrado en la vida”: Pedro Mairal
El escritor argentino publica ‘Los nuevos’, novela que da pie para hablar de la juventud, la paternidad y la música.
- Redacción AN / HG

Por Héctor González
Thiago, Bruno y Pilar son un trío de adolescentes que comparten varias cosas, entre la búsqueda de identidad y la música. Juntos dan vida a la banda Hijos únicos, juntos también protagonizan Los nuevos (Emecé), la novela más reciente del argentino Pedro Mairal (Buenos Aires, 1970).
Después de varios años, el también autor de La uruguaya regresa la novela con una obra amplia en volumen y temas. Atravesada por una banda sonora más que interesante, la historia abre el diálogo alrededor de temas como la paternidad, la juventud y el sentido de la vida, entre otros.
Con Los nuevos regresas a la novela, ¿esta historia exigía ser contada de esta forma?
En realidad, se pensaron como tres novelas cortas que incluso podían publicarse por separado, aunque están entrelazadas. En un momento pensé publicar primero la parte de Thiago, después la de Bruno, pero en realidad lo que estaba haciendo era buscar tiempo para terminar la de Pilar, que es la tercera, porque me estaba costando mucho trabajo. Mis editoras me dijeron que la de Pilar funcionaba muy bien como contraste. Además, me advirtieron que si las publicaba por separado la gente las leería en órdenes distintos y no iba a funcionar.
Los protagonistas son adolescentes, ¿cómo fue regresar a esa época?
Es verdad que hubo una suerte de regreso, pero también desde una postura como padre. Fue raro bucear en esa etapa de la vida desde la mirada del adulto y al mismo tiempo intentando recuperar la perspectiva de la adolescencia. Por más que pongo a los protagonistas en la actualidad, con teléfonos, redes sociales y de más, creo que están más basados en mis 19 años, un periodo donde yo estaba medio perdido. Al final, es verdad que reconecté con una mirada un poco corrosiva de la adolescencia, con un poco de enojo porque todo te parece falso e impostado. Conseguí conectar con la incertidumbre de esa edad en la que se te enloquece la brújula. Yo fracasé el primer año de mi ciclo básico de medicina y salí disparado de ahí. Realmente yo no quería ser médico, lo que quería era sanar. A los 17 años tuve un accidente bastante grave a bordo de un ómnibus y donde hubo muchos heridos. Por fortuna salí ileso, me golpeé fuerte pero no me quebré nada. Hoy me parece que mi intención de estudiar medicina se debe al interés por aprender a actuar ante una situación similar. Ya después descubrí que un médico no cura, lo que hace es propiciar el proceso de curación. Ese extravío me sirvió para empezar a leer y a escribir mis cosas y pensar y qué pasa si estudio letras. Con Los nuevos, pude volver a ese momento de extravío.
¿Extrañas algo de esa época?
No, no volvería jamás. Ni siquiera extraño la juventud del cuerpo, fue una época en la que tampoco tuve demasiadas experiencias amorosas. El tiempo es una flecha que va para adelante y en todo caso la literatura te permite revisitar esos momentos. En el fondo lo que hay es un intento por vincularme a la fuerza de los nuevos, son vulnerables, con incertidumbres, pero fuertes. Los nuevos al final van a llegar y en el mejor de los casos nos van a sepultar, así tiene que ser. No tengo nostalgia y la novela no está escrita desde esa perspectiva. Pero es verdad, que la escritura es una especie de submarino que se mete en esa época para tratar de entender.
Aunque ahora lo contrastas desde la visión del adulto y del padre.
Sí, tengo hijos y por más que estos personajes no tienen nada que ver con ellos sí está la mirada del padre, el padre culposo, el padre con miedo,
El padre ausente muy común en Latinoamérica…
Sí, claro, viste que en la novela los padres están medio fuera de foco. Viendo mi escritura de una manera más o menos global te diría que en La uruguaya está la mirada del padre sobre el hijo que es chiquito y acá pareciera que la cámara se invierte y está la perspectiva del hijo. Por eso los padres aparecen a lo lejos y con una distancia provocada por la rabia de la juventud. De alguna manera el padre es controlador y tiene expectativas respecto a los hijos, por eso funciona como adversario.
Cosa que no es menor, tus tres protagonistas están marcados por las expectativas que tienen sobre ellos.
Totalmente. Esa palabra es muy pesada, ¿no? Las expectativas. Ya lo decía Dickens en su novela Grandes expectativas. Los padres a veces no nos damos cuenta de cómo funcionan sobre nuestros hijos porque a través de ellos queremos reparar algo que nosotros no pudimos hacer. Pero lo cierto es que los hijos son otros y no una repetición de nuestro destino. Ayudarlos sin imponerles tus deseos no es fácil e implica un equilibrio muy delicado.
Y donde es fácil propiciar una ruptura como sucede con tus personajes.
Sí, porque la formación de una identidad depende de ese rompimiento.
Ahora que te escucho tengo la impresión de que la novela es producto de tus propias reflexiones alrededor de la paternidad, ¿no?
Sí, supongo que hay algo de mi necesidad de respetarlos y encontrar el equilibrio que te comentaba. Cómo haces para acompañarlos, pero sin estorbarlos. Cuando los enseñas a andar en bicicleta los tienes que soltar sabiendo que se van a caer, si los atajas no aprenden. El equilibrio lo tienen que encontrar ellos, no es algo que tú les das. Es algo delicado porque es fácil caer en equívocos y extraproteccción. Ser un padre sobreprotector puede ser tan malo como un padre que abandona. Los nuevos me hizo pensar en mi forma de ser padre y comprender que no existe el padre perfecto, si te empeñas en eso vas a terminar en terapia. Es un vínculo difícil, pero hermoso a la vez. A mí, la paternidad no sólo me ha dado fuerza, también me ha centrado en la vida y le ha dado un sentido más profundo, más allá de mis búsquedas, de todo lo literario.
¿Te leen tus hijos?
Por suerte tienen bastante desinterés. Mi hija, que tiene trece años, leyó Salvatierra y mi hijo hace poco leyó La uruguaya y le gustó mucho. Mis libros no están muy presentes en mi casa. No suelo tenerlos en la biblioteca, los arrumbo porque tampoco me hace mucho bien verlos todo el tiempo. Verme ahí como incrustado entre la literatura argentina me hace un poco de ruido.
Pero finamente ahí estás.
Sí, estoy y por supuesto que quiero estar, pero no me ayuda recordarlo constantemente.
Al igual que en otros de tus libros la música está muy presente en esta novela…
Sí. Hace diez años retomé la guitarra y empecé a componer. De pronto colaboro con músicos que me mandan melodías tarareadas, para que les ponga letras. Así comencé a componer un mi amigo Rafa Otegui con quien tengo un dúo llamado Pensé que era viernes, hicimos un disco que la verdad salió precioso. Siempre estoy con la narrativa por un lado y con las canciones por otro. En Los nuevos confluyeron las aguas al grado que compuse tres canciones mientras escribía la novela. Por otro lado, Thiago, Bruno y Pilar, se ponen a tocar y forman una banda que se llama Hijos Únicos. Al final del libro hay un código QR que te lleva a tres temas de ellos en un falso ensayo, es como un desprendimiento de la ficción hacia la realidad, en el que colaboro un amigo músico llamado Nacho Algorta y la cantante Miranda Díaz.
¿Qué tipo de bisagra fue el personaje de Pilar?
La palabra bisagra está buenísima. Aportó una mirada femenina sobre dos pastes bastantes masculinas y me permitía aglutinar y al mismo tiempo cerrar puntas. Aporta también una voz más cuerda. De alguna manera todo el tiempo se está moviendo y es medio irretractable. Así, también son los adolescentes, los dejas de ver una semana y ya son otros. Hay algo proteico en ellos que me resulta fascinante narrativamente porque después de todo, los adultos somos más rígidos.
¿Si esta novela la tocara un músico o banda a qué sonaría?
Tendría un bajo muy constante, Bruno que toca el bajo. Sería un power trío con guitarra, bajo y alguien cantando con un teclado, algo medio acústico, sin batería. Me los imagino medio indie. A la vez, hay mucha banda sonora, está muy mencionado el piano de Keith Jarret.
Que no es precisamente música de jóvenes…
Claro, pero a Bruno se lo pasa su papá, le dice tienes que escuchar eso, que es lo que haces cuando a tu hijo le inoculas música. A mi hijo yo lo hice escuchar rock argentino cuanto tenía ocho años y ahora conoce más que yo. Estoy muy orgulloso de haberle abierto una ventana.
¿Tu papá te abrió alguna ventana musical?
La de la música clásica. A mi viejo le debo totalmente mi gusto por Mozart, lo ponía de fondo y sin decir nada, solía estar presente. Y yo de adulto empecé a ponerlo, estructuralmente Mozart me parece de una genialidad. Me gusta mucho leer sobre su vida y entender sus conciertos y sinfonías también, qué está haciendo. Nunca lo había pensado, pero es verdad, a mi viejo le debo a Mozart. Me hiciste darme cuenta de eso.
