Día Mundial de los Animales en Laboratorios: el costo oculto de la ciencia
Más de 200 millones de animales son utilizados en pruebas cada año, en un debate creciente sobre ética, eficacia científica y alternativas libres de crueldad.
- Redacción AN / SH

Por Nicole Valdebenito*
Cada 24 de abril se conmemora el Día Mundial de los Animales en Laboratorios, una fecha que busca visibilizar a millones de animales que detrás de puertas y protocolos de seguridad son utilizados para experimentos, pruebas e investigaciones biomédicas, farmacéuticas, toxicológicas, para estudios de comportamiento, desarrollo de vacunas, en aulas universitarias como insumos de educación, pruebas de agroquímicos, e incluso para la industria cosmética.
Hoy sabemos que cada año 200 millones de animales mueren por su uso para estas prácticas, y que, de ese total, 22 millones tienen este objetivo en América Latina, donde conejos, roedores, peces, cerdos, aves, insectos, perros e incluso ajolotes han sido objetos de experimentación.
Lo que no sabemos, o más bien poco se habla, es del sufrimiento de esos animales, del dolor que sienten, del miedo que experimentan, del trauma con el cual quedan para quienes logran vivir, y de lo cruel que es obligar a otro ser vivo a ingerir, inhalar o soportar químicos en sus cuerpos para pruebas de toxicología.
Recientemente, una investigación de Animal Aid UK reveló imágenes inéditas de laboratorios de toxicidad en Inglaterra, donde monos, ratas, conejos y perros de la raza Beagle son cruelmente obligados a ingerir e inhalar sustancias para la prueba de fármacos y químicos. Las imágenes son desgarradoras, el terror y la tristeza de esos animales traspasa la pantalla, donde no quedan dudas de su capacidad de sintiencia.
En la actualidad, tenemos información basada en evidencia, de que un 90% de los medicamentos experimentados en animales fracasan en los ensayos en humanos (Scientific American Journal, 2019), y que las pruebas en métodos alternativos libres de animales tienen una eficacia que puede alcanzar incluso al 100%, ¿entonces por qué no hemos avanzado en ese camino?
Como consumidoras y consumidores, tenemos un gran poder, cada vez que exigimos cambios en las políticas de los productos que adquirimos, podemos generar un impacto, y ese es el caso de la industria cosmética. Las pruebas en animales con fines cosméticos se realizan para probar la seguridad o toxicidad de estos productos o sus ingredientes en las personas, el test más conocido es el test de Draize, un ensayo de toxicidad aguda desarrollado en 1944, cuyo objetivo es medir la irritación ocular y cutánea de productos químicos. Los animales principalmente usados para esta prueba son conejos albinos, los cuales son inmovilizados, para aplicar sustancias en sus ojos o piel, sin ningún tipo de anestesia o alivio de dolor, generándoles ulceras y ceguera, y eventualmente la muerte.
Pero esta realidad puede cambiar. Ya hay más de 40 pruebas libres de animales aprobadas por la OCDE, y en el mundo 45 países han prohibido las pruebas cosméticas en animales, México incluso es un de ellos, sin embargo, la norma oficial mexicana para que la ley entre en vigor sigue pendiente por parte de las autoridades.
De momento, como consumidores, podemos seguir exigiéndole a la industria cosmética cambiar sus políticas escogiendo productos certificados como libres de pruebas en animales, o cruelty free por su concepto en inglés. Estas certificaciones se preocupan de comprobar que durante toda la cadena de producción cosmética no hayan existido análisis en animales, desde los ingredientes hasta las políticas de exportación, y en México existen 199 marcas con estos sellos.
Por si no lo sabías, los sellos oficiales son Leaping Bunny, Cruelty Free International, Peta y Te Protejo, organizaciones que han trabajado durante décadas por asegurar que la industria cosmética cumpla con este estándar, y avance a políticas de pruebas de seguridad y toxicidad libres de crueldad.
Si tomamos un minuto para analizar cuántos productos cosméticos utilizamos diariamente, nos daremos cuenta de que el promedio ronda entre los 5 a 15 productos, entre jabón, cremas, pasta dental, shampoo, cuidado capilar y facial, si sumamos maquillaje el número sube. Y si a este análisis le sumamos que cada vez que escogemos cruelty free salvamos la vida potencial de 150 animales (Cálculo del laboratorio LIALT), podemos entender la amplitud de nuestro impacto. Escoger productos cruelty free salva vidas, y es un cambio sencillo en nuestro consumo. Por lo que la próxima vez que debas comprar un producto cosmético, pregúntate si hubo pruebas en animales, para ti será un cambio simple, para los animales, su vida.
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Nicole Valdebenito*: Co-fundadora y Directora Incidencia de Te Protejo. Es periodista y comunicadora social con más de 15 años de experiencia. Lidera campañas a la comunidad, el área de relaciones institucionales y de incidencia legislativa. En la actualidad, cursa un Máster en Estudios Feministas e Intervención para la Igualdad en la Universidad de Valladolid.
