Descubren discos de escombro que revelan cómo maduran los sistemas planetarios
Observaciones del radiotelescopio ALMA revelan discos de escombro que muestran cómo evolucionan los sistemas planetarios jóvenes y arrojan luz sobre la historia del Sistema Solar.
- Redacción AN / MDS

Por Julio García G. / Periodista de Ciencia
Una de las cuestiones que los astrónomos aún hoy no han podido responder del todo es cómo se forman realmente los sistemas solares, compuestos por varios planetas.
Esta duda, en lugar de aclararse, se ha profundizado desde 1995, cuando comenzaron a descubrirse sistemas planetarios en otras regiones de la galaxia gracias a la utilización de potentes telescopios y radiotelescopios.
Hace algunas semanas, por ejemplo, un grupo de astrónomos acaba de publicar una decena de trabajos de investigación en la prestigiosa revista Astronomy & Astrophyisics en los que dan cuenta del hallazgo de 24 discos de escombro (estructuras, de formas variadas, que están hechos básicamente de polvo y que se producen tras la formación de planetas).
El descubrimiento ha sido posible gracias a la utilización de uno de los instrumentos de observación más grandes del mundo: el Atacama Large Millimeter Array (ALMA, por sus siglas en inglés) situado en Chile, el cual consiste en una serie de antenas interconectadas en forma de plato que tienen la capacidad de detectar ondas de radio en longitudes milimétricas y submilimétricas del espectro electromagnético.
Las ondas son emitidas por los objetos y captadas por los radiotelescopios. Esto permite a los científicos reconocer no solamente su procedencia sino de qué objeto se trata.
En este caso, las estructuras estudiadas fueron 24 discos de escombro, los cuales nos remiten a la adolescencia de los sistemas planetarios.
Y es que, hasta ahora, solamente se habían podido ver fotografías de la infancia de los planetas en formación y la etapa de juventud era prácticamente desconocida.
Afortunadamente, gracias a ALMA, los investigadores se han adentrado un poco más en esa etapa juvenil y, como mencionó en una entrevista reciente con la Agencia SINC, Carlos del Burgo, uno de los investigadores del proyecto de búsqueda de estas estructuras, “ALMA continúa revolucionando nuestra visión de los sistemas planetarios jóvenes, revelando estructuras complejas que están potencialmente esculpidas por los planetas”.
Los discos de escombro en sistemas planetarios se forman a partir de los restos sólidos que quedan después de la fase principal de formación de planetas, de tal manera que una estrella joven suele nacer rodeada de un disco protoplanetario que es rico en gas y polvo.
Posteriormente, en los primeros millones de años, parte de este material forma planetas y otra parte se agrupa en cinturones y, en otros casos más extremos, es expulsado del sistema.
Son justamente estos cinturones, estos escombros que quedan, los que han sido posibles detectar gracias a la pericia de los astrónomos y a la gran capacidad del instrumento ALMA.
De hecho, en nuestro propio Sistema Solar tenemos un disco de escombros al cual se le denomina Cinturón de Kuiper. Este–situado en los confines del Sistema Solar, más allá de la órbita de Neptuno– está formado por material sólido.
El Cinturón de Kuiper, y al contrario que los discos de escombros recientemente hallados, está envejecido y helado debido a que se formó hace millones de años. Sin embargo, se encuentra gobernado por los mismos procesos físicos que los discos de escombros que los astrónomos recientemente observaron alrededor de otras estrellas.
Ahora bien, gracias al descubrimiento de estos discos, los investigadores tendrán ahora la tarea de buscar planetas jóvenes debido a que mucho de estos están ligados a la presencia de mundos más allá del Sistema Solar.
Al respecto, en un comunicado emitido por el telescopio ALMA, uno de los investigadores a cargo de los descubrimientos, Meredith Hughes, mencionó que “este proyecto nos brinda una nueva perspectiva para interpretar los cráteres de la Luna [alguna vez la Luna estuvo sometida al intenso bombardeo de asteroides de aquel convulso Sistema Solar de los primeros tiempos], la dinámica del Cinturón de Kuiper y el crecimiento de planetas grandes y pequeños”. También dijo que “es como añadir las páginas que faltan al álbum familiar del Sistema Solar”.
Por otro lado, el telescopio ALMA no será sustituido ni a corto ni a mediano plazo, al menos no en 2040. Es más, está siendo actualizado radicalmente para seguir operando e incluso ampliar sus capacidades durante los años 2030.
Esto permitirá no solamente comprender mejor cómo nacen los planetas, sino también cómo los sistemas solares maduran a lo largo del tiempo.
Por lo tanto, queda mucho trabajo por hacer.







