Saltar al contenido principal

Apuestas deportivas: reglas viejas, voracidad en la Liga MX y el peligro de la ludopatía

La FIFA reconoce que las apuestas pueden ser un peligro para la integridad del juego, pero también que este sector es una fuente de financiamiento para el futbol, en un equilibrio complicado en nuestro país, ante un marco legal anticuado y la presencia de casas de apuestas en todo el ecosistema de la Liga MX.

  • Redacción AN / JFA
28 Jul, 2026 18:35
Apuestas deportivas: reglas viejas, voracidad en la Liga MX y el peligro de la ludopatía
Imagen generada con IA con fines ilustrativos

Por: Brandon J. Celaya Torres y Julia Frías Aguilar

México apuesta en línea cada vez más, pero su marco legal sigue pensando en el dominó y en el billar. La Ley Federal de Juegos y Sorteos no ha sido reformada desde 1947, cuando Miguel Alemán llevaba la presidencia del país. Su Reglamento creado por Vicente Fox efectivamente dio entrada a casinos físicos y digitales, no sin sortear controversias constitucionales en el camino. Ahora, los riesgos, advierten especialistas y legisladores, son tanto para la integridad misma del deporte, como para la salud pública.

Los mecanismos de apuestas implementados por la industria son cada vez más agresivos y diseñados para enganchar y avanzan gracias a un marco normativo que deja prácticamente indefensos a los usuarios, cada vez más jóvenes, de estas apps; las cuales en algunos casos ni siquiera piden verificación de edad antes de comenzar a apostar.

“Es un tema de integridad en el deporte”, afirma el diputado federal Marcelo de Jesús Torres Cofiño, quien presentó una iniciativa en febrero de este año que busca modificar la Ley Federal de Juegos y Sorteos y la Ley General de Cultura Física y Deporte para prohibir la participación simultánea de empresarios en casas de apuestas y equipos deportivos.

“Lo voy a decir sin rodeos: si el dueño del equipo apuesta, entonces lo que pierde es el deporte nacional”, enfatiza en entrevista para Aristegui Noticias.

La Ley Federal de Juegos y Sorteos prohíbe de forma general “los juegos de azar y los juegos con apuestas”, permitiendo solo excepciones puntuales como el ajedrez, el dominó, el billar, las carreras y los sorteos, sin mencionar casinos ni centros de apuestas. El reglamento de esta ley ha tenido cuatro momentos clave: en 2004, 2012, 2013 y finalmente 2023.

Imagen generada con IA con fines ilustrativos

Fue durante el gobierno de Vicente Fox (2000-2006) cuando ocurrió el cambio más grande: el Reglamento creado por Fox tomó los 17 artículos de la ley original, e implementó una normativa de más de 150 artículos – generando categorías enteras que la ley de 1947 no había contemplado: hipódromos, galgódromos, frontones con apuestas, centros de apuestas remotas, apuestas por internet y teléfono, sorteos instantáneos. Ni la ley ni el reglamento de 2004 menciona la palabra “casino”, y mucho menos “digital”. Sin embargo, este último sí creó categorías nuevas que en la práctica funcionaron como base jurídica para la multiplicación de casinos en el país.

Solo dos meses después de haber sido publicado el Reglamento, la Cámara de Diputados promovió una controversia constitucional por considerar que el gobierno federal había invadido funciones del Poder Legislativo al permitir, mediante disposiciones reglamentarias, apuestas que la ley prohibía; la Corte tardó más de dos años en resolver el caso y terminó avalando todo el reglamento, confirmando en enero de 2007 su validez.

Años más tarde, durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, la Cámara de Diputados presentó una segunda controversia constitucional ante la Suprema Corte, ahora contra las modificaciones de 2012-2013 al reglamento, y la Corte volvió a dictar que la Ley, el reglamento y la reforma eran legales, dejando a la Secretaría de Gobernación como autoridad exclusiva del sector.

Foto: Caliente.mx

Sin embargo, a pesar de sus varias reformas y propuestas iniciativas, ni la Ley Federal de Juegos y Sorteos ni su Reglamento prohíben explícitamente que los dueños o socios de una casa de apuestas también puedan ser accionistas o patrocinen a un equipo deportivo.

A las alertas se suma la doctora Carmen Fernández Cáceres, Directora General de los Centros de Integración Juvenil (CIJ), para quien la adicción al juego puede convertirse en un problema de salud pública, si bien por ahora son pocos los casos documentados.

“Para que en México haya más de 100 casas de apuestas en línea y 400 casinos es que hay público para este consumo”, señala la especialista y precisa que aunque la mayoría de personas juegan de manera recreativa, también se puede generar una adicción que “lleva a un problema de salud pública que afecta a hogares”.

A pesar de abordar el tema con diferentes perspectivas, tanto el diputado como la directora de los CIJ coinciden en que es necesario regular más fuertemente a la industria de las apuestas: desde la publicidad que inunda las calles, televisores, radios, celulares, hasta que las casas de apuestas puedan ser dueñas o patrocinadores de equipos y ligas deportivas.

En cambio, España fue uno de los primeros en actuar para prevenir los conflictos de interés. El Real Decreto 985/2020 prohibió que las casas de apuestas patrocinen clubes deportivos, incluyendo camisetas, estadios y publicidad. En Inglaterra, la Premier League llegó a la misma medida: desde 2023 ninguna casa de apuestas puede aparecer en el frente de las camisetas de sus equipos, pero sí en otras partes del uniforme.

Chile, mientras tanto, avanza en dos frentes distintos pero relacionados. Desde 2022 su Cámara de Diputados aprobó, por unanimidad en comisión, un proyecto para prohibir la publicidad de apuestas en línea en eventos de clubes deportivos. Y en 2026 el gobierno le dio urgencia legislativa a una segunda iniciativa para impedir que futbolistas activos sean rostros publicitarios de estas plataformas, como a diario ocurre en México, tanto en la Liga MX, como con la Selección Mexicana.

El diputado Torres Cofiño argumenta que esto constituye un “doble rol” que “genera conflictos de interés potenciales y reales”.

El problema del fútbol mexicano

Según la FIFA, la industria de las apuestas representa un riesgo para la integridad del fútbol, por lo que prohíbe a oficiales, árbitros y futbolistas, así como los intermediarios y organizadores de partidos, participar en ellas de forma directa o indirecta, lo que se ha replicado en los reglamentos de la Federación Mexicana de Futbol. Su página web oficial explica que “existe el riesgo de que se amañe un partido o una competición de fútbol con vistas a conseguir un beneficio económico ilícito mediante las apuestas”. Sin embargo, el máximo organismo del fútbol también reconoce que este sector es una fuente de financiamiento.

Aunque los protagonistas no pueden participar en las apuestas, nueve equipos de la Liga MX tienen en la parte frontal de sus playeras los logos de estas compañías, sobre todo Caliente, que aparece en el pecho de cinco de las casacas y es patrocinador de 13 equipos, por lo que es uno de los casos más evidentes de un potencial conflicto de interés del que habla el legislador mexicano.

Los dueños de Grupo Caliente, Jorge Hank Rhon y su hijo Emilio Hank Talancón son los propietarios de la aplicación que se dice líder de apuestas deportivas Caliente.mx, y también de los Xolos de Tijuana. Además de los equipos locales, también es la casa de apuestas oficial de la Liga MX, de la Selección Mexicana y de otros deportes como la UFC y el Béisbol.

Otros gigantes, igual o más polémicos, tampoco se quedan atrás, por ejemplo, Televisa y su empresa escindida Grupo Ollamani.

Ollamani-Televisa-Reportaje

Foto: Grupo Ollamani

Ollamani se describe a sí misma como la fusión de “lo mejor del fútbol, los juegos y sorteos, así como la edición y distribución de revistas”. La compañía es dueña del Club América, administra el Estadio Banorte (antes Azteca) y al mismo tiempo tiene como negocio la cadena de Play City Casino. Por si fuera poco, la playera del América tiene en el pecho un logo gigante de Caliente, la supuesta competencia en el ámbito de las apuestas.

“Hay un gran conflicto de interés y eso es una absoluta locura. Es como que el árbitro sea también delantero del equipo contrario o si permitiéramos que el banquero juegue en el casino con las cartas marcadas. No se puede ser juez y parte en el deporte”, afirma el diputado Torres Cofiño. “Lo que hay es un teatro armado, es una simulación donde el aficionado de buena fe siempre va a terminar perdiendo su dinero y su pasión”.

También, recuerda, que según el primer Informe Global de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) sobre Corrupción en el Deporte, las apuestas ilegales y la consiguiente manipulación de las competiciones deportivas son amenazas importantes para la integridad del deporte y para su naturaleza.

Pese a haber presentado su iniciativa hace meses, esta se ha mantenido en la congeladora legislativa.

“Nuestra Ley Federal de Juegos y Sorteos data de más de 70 años, una época en la que nunca se imaginó si iba a llegar el internet y por supuesto mucho menos las apuestas en tiempo real, o peor que lo pudieras hacer desde un teléfono celular, en cualquier parte del mundo”, dice el legislador panista originario de Torreón.

“Ya dejó se ser un juego o simple entretenimiento para convertirse en una adicción silenciosa. Está quebrando hogares enteros en nuestro país”, añade. “Cuando el gobierno no tiene interés en un tema, pues obviamente ahí se van quedando las ideas, las propuestas”.

La pinza de difusión masiva se cierra con los narradores de los juegos de fútbol, que no solo incitan a apostar en medio de partidos como parte de la publicidad de las empresas con derechos para transmitir los juegos, sino que usan sus redes sociales para promover otras casas de apuestas.

Así lo ha hecho Christian Martinoli con Impulso Bet e Inbet en su cuenta oficial de X, donde tiene 4 millones de seguidores. Martinoli, conocido por sus apasionadas narraciones hizo por cinco días publicaciones diarias promoviendo esta última marca de apuestas deportivas y sus bonos de bienvenida para enganchar.

Su competencia no queda atrás, pues David Faitelson con 3.9 millones de seguidores en X, promociona a Play Do It México, casa de apuestas que patrocina a los equipos de fútbol Necaxa y Pachuca.

No solo estos líderes de opinión normalizan y promueven las apuestas deportivas, sino que creadores de contenidos también han hecho un negocio de fomentar los juegos en línea y hasta con criptomonedas, tal como hace Steve Will Do It, quien en medio de la Copa Mundial de la FIFA 2026 regaló relojes Rolex a los jugadores de la Selección Mexicana de fútbol, aunque luego tuvieron que regresarlos sin dar mayores explicaciones.

Jóvenes, vulnerables a las apuestas 

A pesar de que las apuestas y casinos son solo para mayores de 18 años, ni la app de Caliente.mx ni el sitio web de Play City solicitan verificar la edad de sus usuarios al momento de crear una cuenta o pedir información bancaria para depositar fondos y apostar, tal como constató directamente este equipo de periodistas.

Play City incluso da un bono de bienvenida sin siquiera verificar que sus nuevos usuarios sean adultos. Eso sí, su página solo acepta depósitos de 100 pesos para arriba y pide documentación hasta el momento en que la persona intenta retirar su dinero.

Inbet, la impulsada por Martinoli, tan solo tiene un botón, activado en afirmativo por defecto, para confirmar la mayoría de edad al crear una cuenta. Play Do I, anunciada por Faitelson, tampoco tiene algún tipo de verificación de edad, pero sí manda un anuncio a pantalla completa que dice “es hora de agregar dinero a tú (sic.) cuenta” inmediatamente después de generar un usuario nuevo.

Los jóvenes son los principales usuarios de las plataformas digitales de apuestas. Así lo muestra un estudio realizado por la Universidad Iberoamericana, el cual señala que el 83% de las personas que participan en estas plataformas pertenece al rango de edad de entre 20 y 25 años.

A nivel gubernamental solo existe una encuesta oficial sobre a qué nivel llegan las apuestas en México, aunque tiene sus límites.

Según datos de la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT) 2025, el 4.3% de la población de entre 12 y 65 años participó en juegos de apuestas, es decir un total de 3 millones 967 mil 014 personas. Si bien la mayoría jugó de manera recreativa, el 6.3% cumplió criterios de juego problemático, unas 249 mil 239 personas.

La ENCODAT también reporta que 904 mil 571 adolescentes de 12 a 15 años participaron en juegos de apuestas y los problemas con el juego se identificaron en el 7%.

Foto: ENCODAT 2025

En todo el sistema de los Centros de Integración Juvenil, se han atendido, de 2016 hasta junio de este año, 633 casos de Juego Compulsivo, de acuerdo con datos obtenidos mediante una solicitud de transparencia.

“Hay pocos realmente adictos al juego, entre que no se reconocen y entre que los datos no nos dan a todo detalle los existentes: cuántos apuestan y a qué tipo de apuesta”, señala la doctora Carmen Fernández. “Entonces llegan muy pocos casos”.

La relativamente baja cifra de personas atendidas por adicción a las apuestas puede explicarse por distintos motivos, tal como explican expertos en el libro Everybody Loses: The Tumultuous Rise of American Sports Gambling, del periodista especializado en apuestas Danny Funt.

Según este libro, la mayoría de los adictos no son conscientes de que lo son en las etapas iniciales, y la sola sugerencia de que padecen una adicción suele generarles una profunda frustración o enfado. A menudo, incluso frente a crisis personales graves o intentos de suicidio, los afectados pueden llegar a confesar deudas millonarias, pero siguen siendo incapaces de admitir en ese momento que sufren de ludopatía.

Asimismo, muestra el citado texto, la vergüenza y el juego a menudo van de la mano. Existe un prejuicio muy arraigado que impide a los adictos buscar ayuda; mientras que la sociedad suele mostrar cierta empatía hacia un alcohólico o un adicto a las drogas al entender su situación, la ludopatía es frecuentemente juzgada con mayor dureza.

La facilidad transaccional de las aplicaciones de apuestas expone a los jóvenes a una ruina económica temprana. El estudio académico “El juego online en España y las apuestas deportivas: Los jóvenes como nuevos perfiles con ludopatía” detalla que los afectados contraen deudas importantes con gran rapidez a través de internet, recurriendo frecuentemente a microcréditos, préstamos personales y tarjetas de crédito.

El riesgo, además, se ve en el deterioro de la estabilidad emocional, tal como reconoce la legislación británica en torno a las apuestas. El texto oficial señala que los jóvenes de 16 a 24 años registran las puntuaciones más altas en el Índice de Severidad del Juego Problemático, asociando esta adicción con deudas impagables, destrucción familiar, problemas de salud mental e incluso el suicidio.

En México, a diferencia de otros países, no existe un límite impuesto por el Estado para la cantidad que las personas pueden apostar, dejando este tope a las empresas. Es decir, se vuelve una decisión de la propia casa de apuestas, no una protección del Estado.

Foto: Dirección General de Ordenación del Juego

Bélgica, en 2018, estableció un depósito máximo semanal de 500 euros por persona (10 mil pesos mexicanos aproximadamente). En España, el límite es de 700 euros al día (14 mil MXN), €1,750 a la semana (35 mil pesos), y €3,300 al mes (66 mil pesos).

Estas normativas funcionan como intervenciones proactivas para prevenir que el juego descontrolado derive en deudas impagables, sufrimiento psicológico y adicción. Consecuencias que derivan de las propias ilusiones de éxito que se venden en los casinos.

Además, en México no existe manera alguna de autoexcluirse de los casinos, cuando uno reconoce que ha caído en juego problemático.

La autoexclusión es una herramienta de “juego responsable” que permite a los usuarios reconocer que tienen un problema y solicitar voluntariamente que se les bloquee el acceso a las plataformas de apuestas y casinos.

En modelos centralizados como el de España y Reino Unido, la autoexclusión es un trámite oficial. Cuando una persona se inscribe voluntariamente en este registro, el gobierno notifica de forma automática a todos los operadores de juego online legales en el país, los cuales están obligados a impedir el acceso de esa persona a sus plataformas.

Foto: Changing Choices

En Estados Unidos, las listas de autoexclusión suelen ser estatales; esto significa que un adicto que se autoexcluye en Pensilvania puede simplemente conducir diez minutos hasta Nueva Jersey y seguir apostando, motivo por el cual se está proponiendo crear una lista nacional a través de una ley federal.

En México, la protección de la autoexclusión depende en gran medida de la buena voluntad de las empresas: cada casino decide si ofrece o no esa opción, y no hay una obligación que aplique a todos.

Dentro de las apuestas deportivas digitales, la industria ha implementado mecanismos cada vez más adictivos para enganchar a los usuarios, por ejemplo, las “micro apuestas”. Estas se realizan en vivo sobre eventos sumamente específicos y de muy corta duración dentro de un partido.

“En cualquier forma de apuesta, cuanto más rápido es el ciclo de recompensa, más fácil es que los jugadores se enganchen. La intensa y constante emoción de las ‘micro apuestas’ suele compararse con los tragamonedas, y es difícil no preocuparse de que apostar una vez cada pocos minutos, a comparación de cada pocas horas, podría ser especialmente adictivo”, explica el periodista Danny Funt en su libro Everybody Loses: The Tumultuous Rise of American Sports Gambling.

Este libro documenta– además de la manera depredadora en que opera la industria del juego– la propensión al riesgo desmedido, impulsada por lo que exdirectivos de la industria definen como “nihilismo financiero” que afecta sobre todo a jóvenes de 18 a 25 años. Ante la frustración por la desigualdad y la inasequibilidad económica, los jóvenes apuestan en deportes buscando ganancias irreales de 100 a 1 o 1,000 a 1 a través de combinaciones de alto riesgo, viéndolo como su única vía de escape financiero, expone el autor.

A nivel cognitivo, explica la investigación de Funt, los jóvenes desarrollan una “ilusión de control”, donde su conocimiento sobre el fútbol u otros deportes les hace creer erróneamente que pueden predecir o influir en los resultados, lo que fomenta la impulsividad y la baja tolerancia a la frustración.

Un ejemplo de apuestas que dan esta ilusión de control, pero son prácticamente imposibles de ganar son los parlays, conocidos también como apuestas combinadas o múltiples.

Estas son apuestas que permiten a los clientes agrupar una combinación de pronósticos en una sola jugada, con la esperanza de obtener un pago mucho mayor si todos los resultados se cumplen. Matemáticamente es posible ganar, pero en los hechos están diseñados para ser extremadamente desfavorables para el apostador y altamente lucrativos para las casas de apuestas.

La regla general es que cuanto mayor es la cantidad de juegos combinados, mayor es la desventaja para el jugador; esto empeora aún más en los “parlays de un solo juego”, donde se combinan varios sucesos dentro del mismo partido.

Foto: Cuarto Oscuro

Además, los parlays juegan con la mente del apostador mediante la “ilusión de casi ganar”. Por ejemplo, en un parlay de tres selecciones (con probabilidades del 50/50), es tres veces más probable acertar dos y fallar una (2-1) que ganar el boleto completo (3-0). Este efecto de quedarse a un solo acierto libera una fuerte carga de dopamina que confunde al jugador y lo incita a seguir intentándolo, recoge el citado libro de Funt.

Estos mecanismos cada vez más adictivos y desfavorables nacieron también en un contexto de crisis: la pandemia por Covid-19 que dejó más de 300 mil muertes en México, según cifras de la Secretaría de Salud .

“Adelantó en un par de años lo que era inevitable: el crecimiento sostenido del juego online”, dijo en 2021 Cristian Acuña, entonces Director de Ventas para América Latina de Play’n GO a la AIEJA Magazine.

En otras palabras, la industria creció gracias al encierro causado por la crisis sanitaria y la profunda soledad que significó para millones.

“¿Quiénes se quedan en una adicción? ¿Quiénes, en el caso del juego, van más a casinos o están más metidos en el teléfono apostando? La gente que está más sola”, explica la Dra Carmen Fernández Cáceres para este reportaje.

Para 2021, la Asociación de Permisionarios y Proveedores de la Industria del Entretenimiento y Juegos de Apuesta en México (AIEJA) reportó que la industria de las apuestas deportivas en México generaba 10,000 millones de pesos al año y esperaba un crecimiento del sector de entre el 25% y el 30% en los años por venir.

En 2025, un informe de la firma VIXIO Gambling Compliance, pronosticó que el mercado del juego en línea en Latinoamérica crecería 57% tan solo durante ese año. Mientras que para el Mundial 2026, el presidente de la AIEJA, Miguel Ángel Ochoa previó un “tsunami de apuestas deportivas” con “picos hasta diez veces superiores a la normal”, impulsados por un altísimo porcentaje de apostadores primerizos.

“Es un gancho: es tu debut y tu despedida”, dice José, quien por 16 años vivió problemas de adicción al juego- ludopatía- y aceptó compartir su historia a Aristegui Noticias bajo un pseudónimo. “Es muy cierto lo que dicen, la casa nunca pierde”.

Él comenzó a apostar en 2006, cuando, según describe, hubo un primer boom de casinos en México. En ese entonces los slots o tragamonedas imperaban. José, como se conocerá en este reportaje, apenas cumplía 22 años. Al principio, no tenía pérdidas, lo que lo llevó a incrementar la frecuencia y cantidad de sus apuestas, hasta tocar fondo. Se volvió adicto a las tragamonedas y así vivió 16 años. Perdió millones de pesos al apostar la mayoría de sus ingresos.

“Lo único en mi mente era estar esperando el pago de mi quincena para que, cuando cayera, ir a jugarlo. Varias veces lo que había generado una quincena de trabajo se fue ahí”, dice en entrevista para este reportaje.

“La necesidad de estar jugando empezó a crecer, empecé a pedir prestado a familiares, amigos, pues, como todos, hice una bola de nieve, del cual, pues, ya no pude salir tan fácil”, dice. “Fue muy fuerte el nivel de ludopatía, inclusive llegué a perder un coche”.

Tras más de una década, José tan solo pudo dejar inicialmente las apuestas por un accidente en el cual perdió un ligamento, dejándolo sin poder caminar o salir de su casa durante semanas y, por ende, imposibilitándolo de ir a casinos.

“Empecé a reflexionar e hice una regresión a la edad que tenía cuando comenzó todo. Eso me hizo ver la realidad. Perdí amigos. Perdí tiempo con mi familia. Estaba perdiendo tiempo con mi hija también”, comparte. “Lo más fuerte para mí fue aceptarlo”.

No obstante, cuando pudo volver a caminar y salir, recayó.

Cerca del centro de rehabilitación física donde José se atendía, había un centro de apuestas. Con 150 pesos en su bolsillo, un día Jose fue a ese casino y salió con 9 mil. Entonces pensó: “wow, ahora sí, esta es la buena, ya la suerte me va a sonreír”, pero esos 9 mil se fueron al siguiente día.

Fue entonces que José decidió buscar ayuda con su familia, principalmente su esposa. “La llevé inclusive al centro comercial, y le dije, ‘mira, ¿sabes cuál es el problema que he tenido durante todos estos años? Pues esto’, señalé el lugar”.

Como la de José, puede haber miles de historias que ya no empiezan en un casino, sino en un celular, con una notificación push y un bono de bienvenida durante la pausa de hidratación – o con un menor de edad, deslumbrado por el logo de Caliente en la camisa de su jugador favorito. La diferencia es que José tardó dieciséis años en tocar fondo dentro de un edificio con luces y máquinas; hoy, ese mismo ciclo cabe en la pantalla de un teléfono y puede completarse en una tarde, sin que nadie – ni el Estado, ni la empresa, ni la familia – se entere a tiempo.