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"Las redes sociales pueden manifestarse en soledad, depresión y ansiedad": Lucía Magis Weinberg

Durante un conversatorio realizado en El Colegio Nacional, la funcionaria de la UNESCO, Paola Cicero Arenas, recordó que nueve de cada 100 estudiantes universitarios en México declararon que usan la inteligencia artificial generativa para apoyo emocional.

  • Redacción AN / HG
21 Apr, 2026 12:48
"Las redes sociales pueden manifestarse en soledad, depresión y ansiedad": Lucía Magis Weinberg
“Nunca en la historia habíamos expuesto a una generación completa a una transformación tecnológica tan profunda, tan disruptiva, sin entender bien a bien los efectos y las implicaciones”, destacó Paola Cicero Arenas, Oficial Nacional del Sector de Ciencias Sociales y Humanidades de la UNESCO, en el conversatorio Los adolescentes y la tecnología digital, coordinado por María Elena Medina-Mora, realizado en El Colegio Nacional.
 
La abogada explicó que la tecnología amplía el desarrollo humano y lo sustituye silenciosamente. Recordó que, en 2025, nueve de cada 100 estudiantes universitarios en México declararon que usan la inteligencia artificial (IA) generativa para apoyo emocional, para hablar de ansiedad, depresión o sentirse escuchados. Y nueve de cada 10 de ellos dijeron que les ayudó y les hizo sentir mejor. Entonces, “este dato es un diagnóstico social, porque si un sistema de tecnología está llenando un vacío emocional que las instituciones educativas o el núcleo familiar o de amigos, no están logrando cubrir, cambia radicalmente la pregunta: ¿qué clase de contacto necesitan hoy las niñas, niños y adolescentes?”.
Aseguró que, desde la UNESCO, se tiene claro que la IA no es sólo una nueva herramienta técnica, es una transformación estructural cuya transversalidad e implicaciones deben ser tomados en cuenta desde el ámbito ético, filosófico, legal y psiquiátrico. Sin embargo, “en el caso de inteligencia artificial, no hay un sistema armonizado de monitoreo internacional que permita recabar información sobre lo que está pasando, con qué niveles y con qué datos desagregados”.
La especialista puntualizó que hay diferentes estudios que muestran ejemplos con los que se puede trabajar actualmente. Tal es el caso de Estonia, un país en el que el 50% de los docentes y 90% de los estudiantes a nivel secundaria declaran utilizar IA habitualmente. En Francia, por ejemplo, el 80% de los profesores de nivel superior también la usan. Por otro lado, en México, la Secretaría de Educación Pública dio a conocer la Encuesta Nacional de usos y percepciones sobre la inteligencia artificial generativa en la educación superior mexicana 2025, que arrojó que nueve de cada diez estudiantes de universidad conocen la IA, y ocho de cada diez la utilizan para generar textos académicos.
 
Además, en México, siete de cada diez estudiantes reportaron que la IA mejoró su desempeño académico, lo que significó que esta herramienta potenció sus habilidades, así lo subrayó Cicero Arenas. Agregó que, a pesar de lo anterior, “los riesgos de esta tecnología se han identificado de manera inmediata con costos a nivel neuronal, lingüístico y de memoria. “Entonces, en estricto sentido, van a poder desarrollar las tareas normales que harían con el brazo, con ayuda de ese exoesqueleto. Pero en realidad, el músculo de su brazo no se va a ejercitar, porque todo el trabajo lo hace ese apoyo técnico. Eventualmente ese músculo del brazo se atrofia y algo similar pasa con el cerebro”.
 
Si usamos tanto ciertos sistemas de IA generativa de manera ilimitada e irreflexiva, el músculo del cerebro deja de ejercitarse y eventualmente deja de pensar. Un estudio del Instituto Tecnológico de Massachusetts demostró que quienes utilizaron más la IA tenían menor memoria, menor capacidad de explicar lo que acababan de escribir y, en general, sus neuronas no tenían la misma conectividad y no se encendían de la misma forma que quienes no utilizaron esta tecnología. Eso hace que se desplace el pensamiento crítico y la diversidad de saberes”, señaló la experta.
 
De acuerdo con la abogada, el Informe de Salud Mental de 2025 encontró que las juventudes se están enfrentando, como nunca antes, a niveles crecientes de ansiedad, de estrés, de incertidumbre en un entorno digitalizado. “Particularmente el uso intensivo de redes sociales se asocia con mayores niveles de ansiedad y de comparación social. La respuesta no está en prohibir, pero tampoco en idealizar, sino en debatir y hacernos conscientes de estas implicaciones para poder acotar los riesgos de la mejor manera posible. Es necesario poner al aprendizaje, las personas y la salud mental en el centro”.
 
El cerebro adolescente
 
Al tomar el micrófono, Lucía Magis Weinberg, del Departamento de Psicología y Centro de Juventud Digital, de la Universidad de Washington, comentó que actualmente se habla de una adolescencia extendida entre los 10 y los 25 años.  
“Se sabe que el primer noviazgo y la primera ruptura están asociadas con el primer evento de depresión mayor en la adolescencia, ocurre en momentos en el que el cerebro y el cuerpo cambian y, en este contexto, las tecnologías, las redes sociales, la IA interactúan con todos los procesos que siempre han existido”.
La investigadora, que se ha dedicado a estudiar cómo madura el cerebro adolescente entre los 10 y los 25 años, sostuvo que las plataformas digitales tienen patrones manipulativos, algoritmos que manejan los datos personales, y explicó que las redes sociales amplifican las experiencias positivas y las negativas.  “Facilitan este drama digital, estos conflictos amplificados por el diseño, el ciberacoso, el ciberbullying. Ahora puedo saber cuál es mi rango social, qué conductas se están premiando en redes sociales, lo que amplifica la percepción de que todo el mundo, por ejemplo, está usando sustancias o saliendo de fiesta, o tienen conductas engrandecidas por los algoritmos”.
De acuerdo con Magis Weinberg, el diseño “que engancha” de las redes sociales provoca que sea difícil controlar el estrés por estar disponible y en contacto todo el tiempo. “Se han redefinido los parámetros de la amistad, el uso de las redes sociales compite con el sueño saludable, el ejercicio y las interacciones en persona, así como con pasar tiempo fuera de casa. A todos se nos dificulta regular nuestro uso de la tecnología, pero dos de cada tres adolescente afirman que les resulta difícil dejar de usarla. En realidad, hackean nuestra atención”.
“Las redes sociales impactan particularmente en los adolescentes con problemas de salud mental, provocan baja autoestima, mala imagen corporal y problemas sociales que pueden manifestarse en soledad, depresión y ansiedad. Son ellos los que pueden experimentar los impactos negativos y recurran a ellas en busca de apoyo”, expuso la especialista. Concluyó que se pueden establecer límites con estas herramientas tecnológicas a partir del cariño.
Finalmente, María Elena Medina-Mora, comentó que la salud mental en niñas, niños y adolescentes tiene una atención insuficiente y está estigmatizada. “Los niños no son un grupo homogéneo y no son iguales frente al mundo digital, pues depende del acceso, la alfabetización, la vulnerabilidad preexistente de la salud mental y el nivel de madurez. En este sentido, las redes sociales afectan cómo se construye y percibe la realidad con efectos duraderos”.
Entre los aspectos positivos del ambiente digital, la colegiada expuso que se debe fomentar y mejorar la creatividad mediante la publicación activa y la participación en diversas plataformas. “Los videojuegos pueden beneficiar el desarrollo cognitivo, social y emocional de niños y adolescentes, así como fomentar la resolución de problemas, la toma de decisiones y el pensamiento crítico; además, pueden ofrecer mecanismo de afrontamiento contra el estrés, disminuir la depresión y la ansiedad en los jóvenes”.
 
Agregó que las empresas de tecnología de la información deben ser transparentes acerca de los datos y permitir la investigación independiente y el asesoramiento sobre las mejores prácticas para proteger y promover la salud mental de niños y adolescentes. “De acuerdo con los principios éticos y de derechos humanos, es esencial equilibrar riesgos y oportunidades al diseñar e implementar medidas y prácticas para la protección de la salud mental; reducir riesgos y aprovechar oportunidades, bajo el principio del interés superior del niño; garantizar la transparencia en los datos relevantes; y mejorar la alfabetización digital de los cuidadores, educadores y la sociedad en general”.
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